El fin de semana de Acción de Gracias lo pasé este año en New Orleans. El sábado en la tarde andábamos de paseo toda la familia con unas amistades. A eso de las cuatro de la tarde me dio un antojo brutal de beberme un café, así que empecé a buscar algún local donde vendieran café expreso. Ya que el expreso es lo único que es café de verdad acá en el norte.
Pasamos frente a un negocio de venta de discos (tenían una colección brutal de LPs) y recordatorios, que también vendía café. Entré y luego de dar una vuelta por la tienda con mi esposa y los nenes le dije a la muchacha del mostrador.
—Hi. —
—Hi. —
—Do you have espresso coffee? —
—Yes. —
—Two please. —
Comenzó a preparar los cafés y mientras lo hacía me miró y me preguntó:
—¿De dónde son? ¿Colombia?—
Me quedé medio pasma’o porque la muchacha era blanca, rubia y de ojos claros. Una pinta de americana brutal.
—De Puerto Rico. Pero nos mudamos recientemente a Mississippi. ¿De dónde eres?—
La miré con detenimiento a ver si había entendido mi español de puertorriqueño a velocidad de 25 palabras por segundo. Me contestó en un español muy claro.
—Montreal. —
—¿Dónde aprendiste español? ¿Tienes familia hispana? ¿Tus papás? —
—No, en la escuela. —
Su contestación me sorprendió y me hizo sentir otra vez la decepción que muchas veces he sentido cuando nos comparo a personas de otros países que hablan 2, 3 y hasta 4 idiomas. Esa muchacha no estuvo toda su vida tomando cursos de inglés desde escuela elemental hasta escuela superior. Probablemente su español lo aprendió en escuela superior. O sea, ella habla francés, inglés y español. Mínimo, porque no le pregunté si hablaba algún otro idioma pero no sería raro que hablara alemán. No es muy difícil imaginar que al momento de entrevistar a aquella joven, que habla tres idiomas en una ciudad donde el turismo es uno de los mayores motores económicos, esta tuvo una gran ventaja sobre los demás candidatos que hablaban solo un idioma.
A mí la cuestión del inglés, o mejor dicho, el no-inglés de los puertorriqueños me causa una molestia e incomodidad como la que causan las hormiguillas que se sienten cuando a uno se le adormece un brazo o una pierna. Esa incomodidad que no es que cause un dolor insoportable pero es tan molestosa que uno se desespera.
El suizo Roger Federer habla suizo-alemán, alemán, inglés y francés de forma fluida. También habla un poco de italiano y sueco. El español Rafael Nadal habla español, inglés y un poco de francés. Doy esos dos ejemplos porque son los que se me ocurren de momento. Pero es común que en Europa se hablen 2 y 3 idiomas. Y fíjese que no estoy haciendo una comparación con Estados Unidos ya que el americano tampoco es bilingüe por lo general. Aunque me da la impresión que eso está cambiando poco a poco por necesidad.
En Utah por ejemplo, se están desarrollando varios programas piloto donde los estudiantes están siendo introducidos a un sinnúmero de idiomas. En el 2013 la revista TIME publicó un reportaje donde describía cómo el 20% de las escuelas públicas ofrecían un programa de inmersión de lenguaje donde la mitad de sus clases son en inglés y la otra mitad en español, francés, mandarín o portugués. Para julio de 2013 representantes de otros 22 estados habían visitado Utah para aprender sobre este innovador programa.
En Puerto Rico hablamos español y… ¡coquí! ¡coquí! ¿Por qué? Bueno, porque nuestro sistema educativo en esa área, como en muchas otras, ha fallado descaradamente. Y la culpa ha sido de la política partidista desgraciadamente. Un lado quiere que hablemos inglés para parecernos más al americano y el otro lado no quiere que hablemos inglés precisamente por la razón opuesta. Eso nos ha colocado en un lugar de desventaja brutal en comparación con países donde la población es bilingüe o poliglota.
¿Se imagina usted si el puertorriqueño promedio pudiese hablar español, inglés y francés? ¿O mandarín? Lo peor es que hay personas “educadas” que se atreven a decir que el enseñar inglés a temprana edad puede tener un efecto negativo en los niños. ¡Y los que lo dicen son personas con educación universitaria! Es sorprendente que alguien pueda hacer esa aseveración en el 2014. En el 1980 quizás hubiese sido entendible, pero con todos los avances tecnológicos y descubrimientos de la ciencia es sencillamente mezquino tratar de utilizar ese argumento.
Nuestro sistema educativo tiene que ser repensado desde cero; y pronto. Hubo una época donde fuimos pioneros en muchas áreas pero eso ya no es así. Ya pasamos de ver el éxito como algo común que ocurre todos los días a algo que nos maravilla cuando ocurre. ¿No se ha fijado que cuando algún puertorriqueño tiene éxito todos se maravillan y dice “¿ven que se puede?”, “¿ven que tenemos el talento si nos esforzamos?” En lugar de ser la norma se ha convertido en la excepción lamentablemente.
Hace unos meses se dieron a conocer los resultados de ciertas pruebas que ahora no recuerdo cuales eran (quizás el College Board). Consideré patético escuchar a personal de la alta gerencia del Departamento de Educación celebrar con bombos y platillos que las cinco o diez notas más altas de esas pruebas provenían de estudiantes de escuelas públicas. ¿Por qué patético? Pues sucede que esas escuelas “públicas” que se utilizaban como ejemplo para decir que nuestro sistema de educación en general está bien, no son la típica escuela pública que depende del sistema centralizado de educación. Recuerdo que algunas de ellas eran UHS y CROEM. Dos escuelas que precisamente son excepción a la regla. Dos ejemplos que comprueban que hay que estar fuera del “mainstream” del mostro del Departamento de Educación para poder tener éxito. Es como si el padre abandonara a su hijo recién nacido, el niño fuera adoptado por otra familia y cuando el joven se graduase de escuela superior con honores el padre que lo abandonó dijera, “vieron que bueno me salió ese muchacho?”.
No recuerdo las otras dos o tres escuelas pero recuerdo que ninguna era una escuela regular del sistema, sino algún tipo de escuela especializada o parecida a una escuela “charter”. Y no es que las escuelas “charter” sean la solución ni lo mejor que exista. Simplemente son una alternativa que bien administrada es viable y exitosa. Y mal administrada puede ser tan desastrosa como lo que tenemos actualmente.
¿Qué hacer entonces si ya sabemos cuál es el problema? A ver, la rueda ya está inventada así que no tenemos que ser ni inteligentes para lograrlo. Solamente saber copiarlo bien. Ya Utah lo hizo y Canadá lo hizo. Pues la respuesta lógica sería copiarnos de ellos. Hasta ahí parece que la cosa es fácil. Pero por alguna razón los grupos para este tipo de expedición siempre tienen el mismo resultado: no ocurre nada. Hemos enviado gente a Europa, a Estados Unidos, a Shangai, a Singapur, a Colombia. Mencione un país, y allí hemos ido nosotros con un grupo expedicionario a tratar de descubrir los secretos alquímicos que se utilizan en lugares exóticos para ser exitosos.
¿La razón para el fracaso? Estoy convencido que la respuesta siempre proviene del mismo lugar: la política. Y uno podría pensar que la política existe en todos los países. Que en todo lugar hay mediocres gobernando, y es cierto. En todos lugares los hay pero creo que la diferencia es que en otros lugares hay al menos un atisbo de compromiso con el futuro del país. En Puerto Rico, a absolutamente nadie le importa el futuro más allá de uno, dos, tres o cuatro años, dependiendo cuánto falte para las próximas elecciones. En otros países hay algún sentido mínimo de plan de futuro no importa de qué partido se milite. Cuando hay un cambio de gobierno se mantienen ciertas políticas en las cuales hay consenso sobre sus beneficios. Y el pueblo reconoce y espera que así se comporten los líderes. Nosotros lamentablemente hemos llegado al punto que en nuestro subconsciente “sabemos” que todo lo que se está desarrollando durante un cuatrienio será paralizado por la nueva administración si hay un cambio de partido en el poder. Y eso es nefasto, mire lo que nos ha pasado con la energía renovable entre otras cosas.
¿La solución? Pues antes que todo, elevar nuestras plegarias al cielo y pedir a Dios, Ala, Mahoma, Krishna, Buda o a la deidad de su preferencia que nos envíe no uno, sino dos grandes líderes. Sí, dos, porque si nos manda solo uno será casi imposible convencer a los del otro color. Nos hace falta “gente grande”, que piense en grande. Que vean al elefante rosado que está sentado en el medio de la sala. Y “gente grande” la tenemos, el problema es que no están en la política precisamente porque no están dispuesto a claudicar a sus principios. Tenemos empresarios, economistas y muchos otros que tienen la visión de país que se necesita pero que no entran a la política porque saben que sus principios no les permitirían aguantar la andanada de barbaridades y barrabasadas a las que estarían expuestos.
Nuevamente, ¿La solución? Luego de rezar por unos cuantos líderes de verdad le toca al elector convertirse también en “gente grande” y elegir a los candidatos correctos. No hay cliché más cierto que el que dice que los pueblos tienen a los gobernantes que se merecen. La tarea es difícil, pero no imposible. Si EU se levantó luego de su Guerra Civil, si Inglaterra se levantó luego ser destruida casi por completo después de la Segunda Guerra Mundial y Alemania se ha convertido en la nación exitosa que es luego de también haber sido destruida casi por completo al igual que Inglaterra pues la terea de nosotros no es más difícil que la de ellos. Como mencioné en un artículo previo, nosotros no hemos tenido la experiencia de haber experimentado un conflicto bélico que haya destruido nuestra infraestructura ni un gobierno dictatorial. Así que si otros se han podido levantar nosotros lo podemos hacer.