Hace varias semanas mi esposa estaba en la oficina del oftalmólogo pediátrico con nuestra hija Isabella y mientras esperaba su turno se desarrolló la típica conversación de oficina de médico. Todo el mundo hablaba de cuanto había madrugado y lo temprano que había llegado; pero aun así salía de las citas médicas muy tarde. De lo incómoda que eran las sillas de espera y lo pequeña de la oficina.
Durante la conversación se desarrollo un intercambio entre tres caballeros que fue algo así:
─ Estas sillas tan incómodas y yo con este dolor de espalda. Yo que estoy todo el tiempo de pie en el trabajo─ Dijo uno de los padres. Relativamente joven.
─ ¿Pero, y por qué estás todo el tiempo de pie? ─ Le preguntó un señor que se encontraba en la sala.
─ Es que trabajo en un restaurante.─ Le contestó el primero.
En ese momento un tercer caballero, con aire de orgullo y un poco de sentido de superioridad sobre el hombre más joven le dijo:
─ ¡Pero eso es problema tuyo! Eso te pasa por no estudiar…─
─ Ese es el problema que yo sí estudié. Soy chef y estoy todo el día caminando en la cocina. ─
En ese momento si se prestaba atención muy cuidadosamente se podía escuchar un:
─ ¡Coquí! ¡Coquí! ─
Imagino lo incómodo que debió haber sido para el caballero que hizo el comentario, tipo reprimenda, al chef. Su conclusión inmediata fue que como el otro trabajaba de pie, estaba cansado y con dolor de espalda definitivamente no podía ser un profesional ni tener estudios más allá de un cuarto año de escuela superior. Y por lo tanto, probablemente era un vago intelectual.
Todos queremos que nuestros hijos, sobrinos o nietos sean “profesionales”. Entiéndase médico, abogado, contable y hasta hay algunos que piensan que deberían ser ingenieros. Esto me recuerda una conversación que tuvimos varios compañeros de oficina hace algunas semanas. En la misma todos nos quejábamos y añorábamos los tiempos donde los mecánicos, zapateros y costureras de nuestros respectivos pueblos eran de primera calidad. Mencionábamos cómo ya no se consigue un mecánico bueno y decente que no te quiera pasar por la piedra.
Al recordar la historia del chef me parece curioso que aunque todos queremos personas de calidad humana brindando servicios es muy probable que nuestra primera idea de un pariente exitoso sea uno que estudia en la universidad y es lo suficientemente inteligente como para decidir hacer una maestría.
El querer lo mejor para nuestros hijos, sobrinos y nietos no es incorrecto. Pero es importante que recordemos siempre la importancia que tienen esos otros trabajos que no consideramos profesionales. Sin un buen mecánico no hay Mercedes Benz, BMW, KIA o Toyota que camine. Sin un buen chef no hay restaurante donde los profesionales vayan a cenar con su familia un buen steak. Sin recogedores de basura (no sé si la palabra basurero esté correcta, pero no la uso porque siempre me ha sonado despectiva; claro que eso puede ser un prejuicio mío) el disponer de la basura de la casa sería bastante complicado. Sin un buen plomero el inodoro tapado es un problema realmente serio. Sin un excelente mesero que te atienda con cortesía, que de vez en cuando te de buena conversación mientras comes y te cuente una que otra anécdota graciosa un almuerzo o una cena realmente no pasar de ser una comida más. Sin un jardinero responsible que te corte la grama cuando lo necesitas, el mantener el patio es tremendo dolor de cabeza si no tienes el tiempo…
Es muy gratificante cuando uno logra finalizar una tarea o alcanzar una meta en la oficina. La sensación de que se ha hecho algo útil y que por eso el país quizás sea un poco mejor es una especie de placer mezclado con una dosis de ego que hace sentir a uno muy bien y en ocasiones hasta que se es una especie de “macaracachimba” en lo que hacemos y que no hay nadie que lo haga mejor. No debe ser muy diferente a lo que experimenta el chef cuando termina de preparar un exquisito postre para la familia que acaba de cenar. Esa sensación de grandeza debe ser tan reconfortante como la que sintió el médico que atendió al niño que se comerá el exquisito postre. Sin médico el catarro no se cura y sin chef el niño no goza junto a su familia el exquisito postre.
El chef no tenía dolor de espalda y estaba cansado porque fuera un vago que nunca estudió. Simplemente no llenaba el concepto que en algún momento todos hemos tenido, lamentablemente, de una persona exitosa.
🙂
Muy bien!!! Por eso tú eres el Chef de los fines de semanas. Tus desayunos son exquisitos, mi amor. 🙂
Muy cierto tu punto! A las personas se les olvida que el éxito no necesariamente viene con los estudios. Qué realmente significa «éxito»? Es haber estudiado hasta «quemarte las pestañas» y luego trabajar en alguna compañía, ganar un buen sueldo y tener un jefe que te explota ó estudiar artes culinarias o técnico automotriz y tener tu propio negocio? El éxito es relativo todo depende por el lado donde lo mires.