Una Partida Inesperada, Un Camino, un Tatuaje

Orígen del Camino de Santiago

Antes de comenzar mi escrito, tengo que darles una breve explicación de lo que es El Camino de Santiago y sus orígenes. Al menos uno de ellos, porque la tradición/leyenda tiene muchas variantes que van a depender de su fe o su voluntad de creer la que más le guste.


Catedral de Santiago de Compostela

El Apóstol Santiago el Mayor fue uno de los doce discípulos de Jesucristo. Juntamente con Pedro y Juan, pertenece al grupo de los tres discípulos privilegiados que fueron admitidos por Jesús a los momentos importantes de su vida, como su agonía en el huerto de Getsemaní y en el acontecimiento de la Transfiguración. Según los Hechos de los Apóstoles, Santiago fue el primer Apóstol martirizado, degollado por orden de Herodes Agripa hacia el año 43 en Jerusalén. La tradición relata cómo su cuerpo es trasladado por mar, aparentemente en un barco de piedra, hasta tierras gallegas, siendo enterrado en un bosque, donde hoy se levanta la Catedral de Santiago de Compostela.

La tradición del Camino de Santiago se remonta al siglo IX cuando cuenta la tradición (y aquí comienza el asunto de fe) que un pastor descubre el cuerpo del apóstol, allá por el año 823. Se dice que el descubrimiento fue un milagro guiado por unos destellos en el cielo y las estrellas, (lo que él veía en el cielo era un Campo de Estrellas – Campus Stellae – , lo que más tarde se llamaría Compostela) que señalaban el lugar exacto. Al observar el milagro durante las noches, el ermitaño salió de su cueva y decidió contar lo que ocurría al obispo de Iria Flavia, Teodomiro. Tras comprobar el milagro, una noche optaron por visitar el lugar y descubrieron un sarcófago oculto con el cuerpo de Santiago y el de sus dos discípulos, Teodoro y Atanasio. Ante la importancia de tal hallazgo Teodomiro acudió a Oviedo, capital del reino, para informar al rey Alfonso II. Es en este momento cuando podemos responder a cuándo empezó el Camino de Santiago ya que fue el monarca Alfonso II quien, consciente de la importancia del hallazgo, se convirtió en el primer peregrino de la historia iniciando su recorrido desde Oviedo hasta la tumba del apóstol en lo que se conoce como la primera Ruta Jacobea. Además, fue el rey quien mandó a construir el templo para albergar los restos del apóstol y que fuera digno de visitar por otros monarcas cristianos. Este primer templo conforma los orígenes de la Catedral de Santiago y el nombre de la ciudad Campus Stellae o Santiago de Compostela.

El Camino de Santiago es en la actualidad el lugar con mayor peregrinación de toda Europa, junto con Roma, además de ser el más antiguo de todos los caminos. El Camino se puede hacer caminando, en bicicleta, a caballo y hasta en bote. Este concentra cada año a 200 mil peregrinos que optan por acudir a la catedral a través de los principales caminos, como es el Camino Francés, el Camino Primitivo o el Camino del Norte, considerados como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.


Peregrino haciendo Su Camino a caballo

Esos 200 mil no incluyen los otros muchos peregrinos que recorren sólo porciones de las variantes del Caminos (unas 10) y no llegan a la Catedral a registrarse. El número exacto de peregrinos realmente nadie lo sabe. Son muchos los que prefieren hacer el peregrinaje para disfrutar de los paisajes de cada tramo, compartir tiempo con sus amigos o familiares o por otros motivos personales sin necesariamente tener una razón religiosa o ni siquiera ser cristianos.

Así fue la aventura

Ruta: Camino del Norte – Ribadeo a Santiago de Compostela (esta es la ruta #2 en el mapa)
Distancia: aprox. 200 km
Duración: 9 días de caminar

source: https://marlycamino.com/es/mejores-rutas-camino-de-santiago/

Me ha tomado casi un año terminar este escrito. Al principio pensé que era por falta de tiempo, lo cual la mayoría de las veces no es verdad, o por vagancia. (lo cual la mayoría de las veces sí es verdad). Pero luego me fui dando cuenta que por momentos sentía que no era algo para compartir, sino algo tan personal que debía ser solo para mi. Sin embargo, poco a poco me convencí de que la experiencia es tan brutal que debía compartirla con ustedes. Y hacer que al menos uno de ustedes que me lee decida hacer El Camino, se convirtió finalmente en el motivo para finalizar el escrito y compartirlo. Aquí les dejo mi experiencia en El Camino de Santiago, según yo la percibí; porque como dice una amiga: para todo hay 3 verdades: tu verdad, mi verdad y La Verdad.

El verano pasado, específicamente de junio 6 a junio 15 de 2024, me encontraba yo por Galicia andando finalmente un tramo del Camino de Santiago. Ese Camino tuvo más o menos unos 15 a 20 años en estado de gestación en mi cabeza. Una de esas cosas en la vida que uno dice “el año que viene lo hago”, y ese año que viene llega y se va, y uno repite: “el año que viene lo hago”. Y llega el próximo y uno se autoconvence de que “ el año que viene sí que es el que es”. Hasta que llega el día en que uno se percata que hay que tener cuidado con eso de creerse inmortal.

Probablemente me topé por primera vez con El Camino de Santiago cuando leí algún libro sobre los Templarios o El Peregrino, de Paulo Coelho. Luego de eso leí varios artículos sobre la historia del Camino, y temas relacionados. Como yo me crié bajo el manto de la tradición Católica, el tema me fascinó desde el principio: milagros, demonios, transfiguraciones, hazañas heróicas, persecuciones religiosas, batallas, castillos, peregrinaciones, osamentas sagradas, barcos de piedra. Símbolos, metáforas. En mi caso los símbolos son fascinantes y reconozco su valor y su poder. Y no me refiero a facultades mágicas, sino al poder que tienen cuando se lo otorgamos y usamos su significado para dar a la vida y sus misterios explicaciones más interesantes. Siempre me han fascinado, ya que pueden significar tanto, todo, o nada. Depende de quien los interprete, en lo que usted crea, el país donde nació, la época en que nació, etc. Tome la cruz como ejemplo. Hace dos mil años… nada, un instrumento de tortura. Más tarde, uno de los símbolos más reconocidos en todo el planeta. Capaz de engendrar las pasiones más nobles y las más nefastas en millones de personas. Más del asunto de los símbolos más adelante, cuando les hable de cómo me fue antes y durante el viaje.

Volviendo al El Camino, en el fondo mi fascinación mayor era con el aspecto espiritual (no necesariamente religioso) y cuasi-sobrenatural que se le adjudica. Dondequiera que leía sobre el tema, todo el que había caminado la Ruta Jacobea contaba sobre lo increíble de la experiencia. De la transformación que puede causar en cada persona que lo camina. Transformación que es diferente para cada cual. Dependiendo como usted interprete sus símbolos. En ocasiones interpretada como religiosa, en otras como espiritual y en otras interpretada como algo muy personal sin ataduras al aspecto religioso o espiritual.

Yo siempre he tenido resistencia al asunto de cambios y transformaciones por razones estrictamente religiosas o por imposiciones. Y fue precisamente ese aspecto de libertad de elegir una razón por la cual se camina la Ruta Jacobea, lo que me fascinaba y llamaba. El saber desde el principio que no había una obligación de experimentar o descubrir algo con una explicación puramente religiosa. Sino simplemente caminar y descubrir lo que sucedía. Lo cual podría ser una transformación increíble y casi milagrosa, un caminar que te cambia y no sabes cómo, o un caminar, punto. Yo necesitaba saciar mi curiosidad, y caminar. Confirmar si lo que yo creía que iba a significar para mi era lo correcto. La idea de caminar la Ruta Jacobea, donde millones de personas han peregrinado por casi dos milenios por diversas razones a la expectativa de experimentar algo desconocido, me causaba una emoción brutal. La idea de caminar una ruta donde, en el momento exacto donde yo diera mi primer paso frente al mar Cantábrico en Ribadeo, habrían miles de otras gentes en diferentes puntos de esa misma ruta también dando ese primer paso me causaba una emoción indescriptible. Saber que habían otros Peregrinos en ese preciso instante, en el pueblo Saint-Jean-Pied-de-Port en los Pirineos franceses o en Porto, Portugal echando a andar con una intención de aventura y descubrimiento similar… que brutal!

Una partida inesperada

Como les dije anteriormente, yo llevaba largo tiempo deseando hacer el Camino de Santiago. Pero siempre había una razón para no hacerlo.

El verano de 2022 era otro verano en el que yo me había comprometido el año anterior a hacer El Camino. Y como muchos otros, ese verano llegó y mis pasos continuaban ajenos a esa experiencia. Yo seguía teniendo cosas importantes que hacer, y no tenía tiempo para irme de trotamundo casi un mes a España a cumplir sueños de juventud.

Pero ese verano ocurrió algo que me dio ese empujón que necesitaba para finalmente echar a caminar. Fue en junio de 2022 cuando recibí una llamada telefónica que me dió la noticia de la partida inesperada, y muy prematura, de un colega y amigo. Uno escucha hablar de lo que se siente al enterarse de la partida inesperada de alguien, pero realmente no se tiene idea hasta que no se experimenta. Y esto es especialmente indescriptible cuando es alguien joven quien parte. Alguien a quien, por ley de vida, uno entiende que no le toca partir. Siempre he pensado que subconscientemente todos estamos más o menos preparados para la partida de un “viejo”, de alguien que ha vivido y experimentado las altas y bajas de la vida; pero para la partida de alguien “joven” no. Esa incongruencia e injusticia de la vida es difícil entenderla, reconciliarla con nuestras expectativas de lo que es la vida.

Esa noticia fue brutal para mi. No solo por la corta edad del amigo, (quizas unos 5 años mayor que yo) sino porque con él tuve múltiples conversaciones sobre El Camino de Santiago (entre muchas otras discusiones existenciales, metafísicas, esotéricas, banales, políticas, etc.) y porque era uno de esos individuos que andaron la vida siempre haciendo bien y lo mejor que podía con sus talentos. Era alguien todavía con mucho que dar.

Aunque tuvo una vida que lamentablemente culminó mucho antes de lo que uno espera, fue una vida buena. Una vida profesional y personal que marcó positivamente a mucha gente. Vivió bien, viajó el mundo, y marcó los Caminos por donde anduvo.

Tan pronto colgué el teléfono, mi primera reacción fue llamar a mi esposa. Me senté en la cama y le pegué un grito – “ven acá corre!”.

Una vez le di la noticia, mis próximas palabras fueron: “Acabo de cumplir 48 años. Voy a hacer El Camino para celebrar los 50. No importa cómo pero lo voy a hacer.” Mi mujer, siendo la esposa que es y que no merezco, me dió el ok. Aún sin entender mi fascinación por aquella peregrinación.

La partida inesperada de ese amigo fue un cantazo duro que me hizo ver lo desenfocado que uno anda por la vida pensando que le queda el resto de la misma para hacer las cosas realmente importantes.

A cada cual le da el “mid-life crisis” de manera diferente. En mi caso, según me acercaba a los 50 años, yo había comenzado a temer llegar al final de mis días y pensar que mi lápida leería: “Aquí yace otro pendejo. Quién habló toda su vida de cosas grandes, aventuras y pasión. Pero al fin y al cabo fue otro cobarde más.” Esa posibilidad me aterraba.

Yo, al igual que ese amigo, quería andar Caminos lejanos, nuevos, desconocidos. Gracias a él hablé por primera vez sobre El Camino de Santiago y eventualmente decidí andarlo. En su nombre levanté y brindé con varias copas de tinto de verano y sangría mientras caminaba; y lo recordaba reír y decirme “que tipo este ‘pa ser…” (si usted lo conoció, sabe el resto de la frase).

Un Camino

El Camino que casi no fue

Jueves 31 de mayo de 2024 Orlando, Florida. Noche antes de volar a Madrid (4 días más tarde guiaríamos hasta Ribadeo en la costa norte de España para comenzar El Camino). Esa noche era el último juego de tenis de la temporada de la liga de la USTA. Había debatido toda la semana, todo el mes, si debía jugar la noche antes de salir de viaje. Y los 3 Peregrinos que me acompañarían me lo habían prohibido. Me habían casi amenazado. Una lesión en una pierna o la espalda justo antes de embarcarse en una caminata de 9 días y alrededor de 200 km no es lo mismo que lesionarse si puedes estar en tu casa descansando. Pero cuando el capitán del equipo me preguntó si podía jugar yo sabía la contestación. “¡Sí!.” Yo sabía que si me preguntaba esa iba a ser la respuesta, por lo que rogaba no recibir esa llamada. (mentira, en el fondo quería jugar; ese picor de competir es demasiado intenso en mi)

¿Y qué pasó? Pues lo inevitable. Noche del último juego. Más o menos 8:30pm. Recibo servicio. Devuelvo el servicio. Todo bien. Doy un pasito para atrás para acomodarme nuevamente en posición. Un paso sencillo, sin esfuerzo, un leve acomodo del cuerpo. No más brusco que moverse hacia atrás cuando se da un paso bailando salsa. ¡SNAP! Explotó mi pantorrilla derecha. Una puñalada en el músculo. Pa’l piso como mangó maduro. Un dolor insoportable.

“¡MALDITA SEA! ¡EL CAMINO…! ¡MALDITA SEAAAA!” Lo primero que pasó por mi mente mientras me apretaba la pierna de dolor. No me podía mover. No me podía levantar.

“iMALDITA SEA! 2 AÑOS DE PLANIFICACIÓN. 20 AÑOS DE ESPERA. NO VOY SOLO. HAY GENTE QUE ME ACOMPAÑA. ¿QUÉ CARAJO HAGO? ¿CÓMO SE LO DIGO? MAGDA ME VA A MATAR CUANDO ENTRE POR LA PUERTA COJEANDO. ¡MALDITA SEA!” Mi demonio asomaba el rabo. Me tentaba. Me echaba gasolina. En ese momento no lo vi. Me di cuenta días después en Ribadeo.

Llegué a mi casa y demás está decirles que mi mujer casi me mata con la mirada cuando me vió entrar cojeando.

El plan era pasar 4 días en Madrid y el 5 de junio guiar a Ribadeo. Pasar allí un día adicional y comenzar a caminar el viernes 7 de junio. Mi lesión fue el jueves 31 de mayo, así que eso me daba una semana para sanar mi pierna. “Tranquilo Hector, tienes una semana para sanar. Y debe ser un calambre fuerte, nada más. Ella va a sanar.” No pude haber estado más equivocado.

Esos 4 días en Madrid fueron un viacrucis. El dolor era brutal. No podía caminar bien. Cojeaba. Bajar escaleras para ir al metro era un martirio. Se notaba la pantorrilla inflamada. Un poco morada. Me ponía hielo y cremas todas las mañanas y en la noche. Poca mejoría. Al tercer día en Madrid me levanté de la cama en la mañana y… el tobillo morado, con sangre coagulada y medio hinchado. El tobillo de la misma pierna lesionada.

En ese momento conocí el significado de la palabra “miedo”. Llevaba todas las noches en Madrid sin dormir, preocupado si iba a poder hacer El Camino. Y obviamente ocultando ese terror a Magda. Entré en pánico. Me percaté que la razón de la sangre e hinchazón del tobillo era porque estaba caminando con el talón del pie para evitar caminar con la parte del frente ya que ese movimiento era el que me causaba el dolor brutal en la pantorrilla al caminar. Ese cambio en la manera de pisar fue lo que lastimó el tobillo. Como dice aquel clásico de Frankie Ruiz: “La cura resulta más mala que la enfermedad…”.

Me quedaban dos días para sanar pantorrilla y tobillo: uno de ellos el día que manejábamos de Madrid a Ribadeo donde no iba a esforzar mucho la pierna ya que no iba a guiar yo, y el día adicional en Ribadeo antes de comenzar El Camino.

El día de traslado de Madrid a Ribadeo me ayudó algo con el dolor en la pierna, pero no mucho. Hicimos una parada y compré hielo. Me preparé una bolsa gigante y la amarré alrededor de la pantorrilla. También me amarré 2 botellas de agua congeladas a ambos lados del tobillo. Ese invento me ayudó algo. Pero hicimos una parada no planificada en Segovia para ver el acueducto romano donde tuve que caminar bastante. Hasta ahí llegó el descanso de sanación.

Mi demonio se asoma en Ribadeo

El día adicional en Ribadeo amanecí casi igual. Una leve mejoría. Nada que hacer. Las cartas estaban echadas. La única pregunta en mi cabeza era: ¿cuántos días voy a poder caminar? ¿Uno, dos, tres días? ¿Medio día? ¿Qué iba a hacer? ¿Tomar un taxi todos los días de un pueblo a otro mientras los 3 Peregrinos que me acompañaban hacían su Camino de Santiago? Mi “poker face” me ayudaba a no delatarme, pero creo que por primera y única vez en mi vida yo sentía que estaba en depresión.

Cuando llegamos al hotel en Ribadeo hicimos check-in y al subir a la habitación noto que no había unidad de aire acondicionado (ventilador, como le llaman allá). Pues resulta que yo duermo con el A/C a 68 ℉ (20 C), y a veces me da calor. Imaginen mi cara cuando entré a aquella habitación, con una pierna adolorida, en depresión, y recibí aquella bofetada de aire caliente. Caminé por la habitación y luego de confirmar que no había unidad para enfriar, solo una calefacción, bajé al lobby y le pregunté al caballero de recepción si el cuarto no tenía ventilador. Me dijo que no y le pregunté si nuestra habitación era la única sin ventilador. Si era posible que nos cambiaramos de habitación. Me dijo que el hotel no tenía ventilador en ninguna habitación.

Yo sabía que el A/C no es común en muchas partes de Europa, pero coñoooooo. Mi suerte no mejoraba. Pierna lastimada, y ahora sin A/C. La noche previa a la caminata no pintaba nada bien. Subí a la habitación. Me senté en la cama. Volví a mirar cada esquina de la habitación para asegurarme por décima vez que no había ventilador. No, no había ventilador. ¿Tú querías Camino? ¡Coje camino Héctor!

Me levanté de la cama. Fui a la ventana. Miré hacia la pequeña plaza que quedaba frente al hotel. Enojo y resignación mezclados. Me volteé, y ahí fue que lo vi por primera vez. Mi demonio se escondía debajo de la cama. Le vi el rabo. (recuerden, los símbolos son importantes) Ese hijo de p… venía conmigo desde Orlando. Desde aquella noche del juego de tenis. Él quería saber cuanto yo realmente quería hacer el Camino de Santiago. Si realmente quería caminar 200 km o si era pura babosada.

En ese momento me percaté de lo que sucedía. Mi demonio, el universo… me estaba probando. Yo pensaba que quería hacer El Camino de Santiago desde hacía más de 15 años. Pues parece que no solo era pensar que lo quería, sino probarlo. Caminé hasta la cama, me senté y fue ahí que finalmente lo entendí.

Pensé: “¿Qué rayos te pasa Héctor? Te vas a jugar tenis la noche antes pensando que te podrías lastimar. Es más, casi con la seguridad de que te ibas a lastimar. Te lo habían advertido los otros 3 Peregrinos. ¡Pues claro que te lastimaste pedazo de animal! Tú mismo lo pedistes… y te fue concedido. Y ahora tienes esa nube negra sobre tu cabeza. Pues claro que te iba a pasar lo del A/C. Claro que vas a pasar una mala noche. Claro que no la vas a pasar bien en El Camino de Santiago. Cógelo con calma morón. Piensa. Piensa…”

Me di cuenta en ese momento que mi demonio iba ganando 2 – 0. (pierna y A/C) Me levanté de la cama, fui nuevamente hasta la ventana que daba hacia la plaza. La abrí. !AJA! Brisa fresca. ¿Quizás unos 60 ℉? Recordé que estaba en el norte de España, frente al Mar Cantábrico. ¡Comienzos de junio! Abrí la aplicación de The Weather Channel. Temperaturas promedio durante las noches iban a estar en los 50 @ 60 ℉. ¡No necesito A/C, solo abrir las ventanas! Me volteé hacia la cama. Mi demonio se escondía. “Te jodiste pendejo”, pensé. Canasto de tres puntos, 3 – 2, me fui adelante.

Esa noche dormí bastante bien. Pierna todavía lastimada, pero con el frío mañanero de Galicia dándome la bienvenida al Camino de Santiago. Recordé por primera vez el viejo adagio: iEl Camino provee!

Los otros 3 Peregrinos

Es buen momento para introducir a los 3 Peregrinos que me acompañaron durante el viaje. Caminaban conmigo: mi Señora esposa, Magda; mi panita y hermano Kike; su esposa y amiga Jannette.

Kike y Jannette se unieron a la aventura luego que les mencionara durante una llamada telefónica que planeaba hacer la Ruta Jacobea para celebrar mis 50 años. Kike cumplía los 50 en 2024 también. Ellos nunca habían escuchado hablar del Camino de Santiago, pero tan pronto les expliqué lo que era se apuntaron para la aventura.


Kike y Jannette

Mi esposa fue un caso diferente. Ella no comprendía mi empeño en viajar a España a caminar 200 km en 9 días. ¿Por qué necesitaba tanto? ¿Por qué tantos días? ¿Por qué no 4 ó 5 días y el resto de vacaciones? Pero ella me conoce. Yo soy intenso, o todo o nada. Para mi no hay puntos medios cuando de aventuras o riesgos se trata. Además, le preocupaba dejar a nuestros hijos solos tanto tiempo, pero yo soy un poco más “irresponsable”. No me preocupaba en absoluto ese asunto. Yo soy de los que piensa que es nuestra responsabilidad dejar a nuestros hijos sentirse solos y desprovistos de nuestra protección para que eventualmente vivan una buena vida. Una vez comenzado El Camino, Magda me entendió; fue conversa. Y no me tomó mucho convencerla que lo repitiéramos este próximo verano (2025) con nuestros dos niños.


La Jefa
é

El que escribe. Primera parada poco después de salir de Ribadeo.

Echamos a caminar

El Camino nos trató extremadamente bien en términos del clima. Temperaturas bastante frías. Creo que nada sobre los 60℉ cuando comenzábamos en las mañanas. Pero más importante aún, nada de lluvia fuerte. Solo los primeros tres días tuvieron momentos de lloviznas muy leves pero nada que requiriera detenernos o que no se soluciona con los abrigos que llevábamos. Esas lloviznas, combinadas con la neblina, hicieron los paisajes mucho más espectaculares.

Esa primera mañana de caminata el 7 de junio de 2024 fue surreal. Nos levantamos, desayunamos, sellamos nuestras credenciales de Peregrino en el lobby del hotel, pusimos por primera vez un pie sobre el pavimento… y nos convertimos oficialmente en Peregrinos del Camino de Santiago de Compostela.

Estaba fría la mañana. Perfecta. Caminar a 50℉ está brutal. A los pocos metros nos encontramos el primer marcador que indica la ruta oficial de El Camino.

Solo un inconveniente. Mi pierna dolía mucho. Como parte del “research” antes de hacer El Camino, cada Peregrino había comprado dos bastones para ayudar durante la caminata. Esos bastones nos salvaron la vida en las subidas y bajadas interminables. Especialmente a mí esos primeros 3 días, pues me daban soporte para quitar un poco de peso a mi pierna.

Fueron días salvajes. Casi todo el recorrido era subiendo. Fue duro, duro, duro, el caminar esos primeros días. Especialmente las bajadas. Cada vez que daba un paso incorrecto, la puñalada en la pantorrilla me recordaba mi infame decisión de jugar tenis. Pero los paisajes eran espectaculares. Temprano en la mañana veíamos los molinos de viento a lo lejos, al tope de las montañas cubiertos de neblina; y a eso del mediodía estábamos junto a ellos.

Los molinos

El tercer o cuarto día (de un total de 9 caminando), finalmente El Camino pareció decirme “Ok, Héctor, te probaste. Buen Camino.” El dolor desapareció esa mañana. ¿Milagro? Quizás. Pero como le dije a los otros Peregrinos, mi razonamiento fue más práctico: “mi gente, los músculos en este cuerpo de atleta de alto rendimiento tienen memoria. Era solo cuestión de tiempo.” Realmente fue algo inmediato. Una noche me acosté con dolor y a la mañana siguiente se había ido. Recordé otra vez el viejo adagio: El Camino provee. Mi demonio fue finalmente vencido. No lo volví a ver el resto del Camino.


Sellando nuestra Credencial de Peregrino. La Credencial era el documento entregado a los peregrinos en la Edad Media como salvoconducto. En la actualidad cada Peregrino lleva su credencial y la misma es sellada en diferentes lugares a lo largo del Camino. Este era un puesto donde la persona la sellaba. Este fue mi sello favorito. La meta es llenar las 16 páginas de la Credencial con sellos según usted va realizando El Camino.

Pedro, Julia y Jesús

El Camino del 10 de junio (creo) fue uno de esos que se cuentan en películas. De esas películas de las que te gustaría ser el protagonista. Fue el día que quería que se continuara repitiendo todos los días. No fue así claro, porque eso fue lo que lo hizo único.

Ese día, Pedro nos dio posada, pan y vino en el momento que lo necesitábamos. Cuando buscábamos una sombra para descansar y merendar. Y unos kilómetros más adelante nos encontramos a Jesús; y hablamos sobre cómo anda el mundo, las dificultades de criar niños hoy día y de nuestros prejuicios.

Pedro y Julia

Creo que fue en Castromaior en la provincia de Lugo que conocimos a Pedro mientras cortaba hierba con su guadaña (hoz). Lo saludé y comenzamos a conversar. Kike le preguntó cómo se llamaba “ese instrumento”. Pedro lo miró, y luego de una sonrisa pícara, tomó la guadaña, se la puso en el pecho como si fuera una guitarra, hizo gesto como si estuviera tocando el instrumento y le dijo a Kike “¿esto? ¡Pues una guitarra!” Como buenos Peregrinos, nos burlamos de Kike y reímos como lo requería el momento.


Pedro y su guadaña. Le ofrecí quedarme en Galicia ayudando con las labores a cambio de comida (cantidades ilimitadas de jamón, queso y pan) y vino. Tenía el trato casi listo. 😎 Solo faltaba un apretón de manos. Fue cuando Magda me recordó que me quedan 2 hijos por criar. Y luego de debatirlo, decidí regresar a América. (triste) 😁

Le pregunté a Pedro si me podía enseñar a usar la herramienta. Me dio un “crash course” en el uso de la guadaña. Bucket list: cortar pasto en los campos de Galicia con una guadaña. CHECK ✅

Vimos su caballo y le preguntamos la raza. (que no recuerdo) Nos explicó que es un animal de trabajo para la tierra, no para montar. En eso llegó su esposa Julia empujando una carretilla llena de algo que no recuerdo y nos habló sobre el horno que tienen donde hacen pan para su consumo. Me fui con Pedro a la casa para usar el baño y los otros Peregrinos se fueron con Julia a ver el horno y el resto de la propiedad.

Resulta que Pedro tiene alguna familia en PR con la cual ya no tiene contacto. Él y Julia tienen una hija y dos nietas con las que nos dijo, cena en su cocina en las sillas que yo y los otros Peregrinos estábamos sentados. Fue un honor para nosotros que le permitiera a 4 extraños entrar a su casa y sentarse a la mesa que comparte con su familia.

En la cocina había una pata de cerdo. Creo que aún sin haber sido probada por nadie. Le pregunté a Pedro si la había comprado o preparado y me miró, creo que un poco ofendido por mi presunción de que la había comprado en algún lugar. Me dijo que él mismo la había preparado y me ofreció que la probara. De ahí en adelante el asunto se convirtió en un almuerzo. Nos sentamos todos a la mesa (que rodea la estufa que se usa como calefacción en invierno) y allí salió el pan, el vino y el chorizo. Todo preparado por Pedro y Julia con productos de su granja.

Lo que era la búsqueda de una sombra para una parada de 15 minutos para merendar se convirtió en un almuerzo de más de una hora. Un almuerzo con gente buena. Compartimos un poco sobre nuestras vidas, nos reímos, brindamos y Kike hizo una breve oración por ellos, su familia y nosotros.

Nos despedimos de Pedro y Julia con barriga llena y corazón contento y los invitamos a Puerto Rico con la promesa de que si nos visitaban les cocinaríamos el tradicional arroz con gandules, lechón, ensalada de coditos y algún postre típico.

Una vez más, El Camino proveyó.


Pedro y Kike

Pedro preparando el manjar

Una oferta irresistible

Julia

Un rato para historia

Jesús

Unos kilómetros más adelante nos encontramos a Jesús sentado a la entrada de un puente de piedra vendiendo sus artesanías. Le compramos varias pulseras. Jesús es un individuo de 40 años, de una inteligencia y madurez increíbles. Un tipo que habla y lo quieres escuchar y hablar con él. De esas gentes que tú sabes que tienen un corazón de los que no se encuentran a menudo. Jesús no tiene hijos, pero cuando conversas con él te das cuenta que será un gran padre.

Hablamos un poco de política, de asuntos del espíritu, de moral y ética, de cómo se crían los niños de hoy día y de libros que había leído y nos recomendaba, entre otras cosas.

Dejamos atrás a Jesús atrás lamentando no poder quedarnos unas cuantas horas allí hablando.

Varios kilómetros más adelante, pienso en cómo nos ha ido el día. Y me percato que, recorriendo el Camino de Santiago de Compostela, conocimos a Pedro y a Jesús. Con quienes partimos pan, tomamos vino y compartimos algo del espíritu. iSímbolos! Fue un buen día.


Jesus

Conversando

Magda y Jesus

Los ciclistas y el mejor mecánico de bicicletas de todo el Camino

En algún momento de nuestro caminar nos encontramos un grupo de Peregrinos ciclistas. A uno de ellos se le averió la bicicleta. La cadena rompió uno de los eslabones y no sabían como repararla para poder continuar adelante. Para la suerte de ese grupo, Kike es ciclista y tan pronto se percató de la dificultad se acercó y les preguntó qué les ocurría.

Resulta, que aquel grupo tenía todas las herramientas y piezas para reparaciones de la cadena que se necesitaban en un bolso que llevaban, pero no lo sabían. Cuando Kike les dijo que si tuviesen X y Y cosa podrían hacer un arreglo temporero ellos comenzaron a buscar entre las cosas que llevaban y se percataron que tenían lo que necesitaban en aquel bolso. De inmediato Kike comenzó a trabajar en el remiendo. Luego de aproximadamente una hora de arduo trabajo, parte del mismo bajo una leve llovizna, logró su cometido. Con aquella reparación, el ciclista pudo regresar al pueblo de donde habían salido esa mañana y conseguir un lugar donde le hicieran un arreglo permanente. El grupo se fue muy agradecido, y nosotros continuamos nuestro Camino con la satisfacción de haber ayudado a otros Peregrinos. Recordé nuevamente… El Camino provee!


Kike laborando

Nos engañó a todos 😎

Más adelante, nuestro mecánico estrella, Kike, nos confesó que él nunca había hecho ninguna reparación a su bicicleta y no tenía idea de cómo los podía ayudar cuando comenzó a hablar con ellos. Nos confesó que sus destrezas motoras/manuales son cercanas a cero. Simplemente comenzó a tratar de ayudar sin tener mucha idea de como hacer la reparación. Yo le dije que nos había engañado a todos. Desde mi perspectiva, yo vi a un experto ciclista realizando una reparación extremadamente compleja con una seguridad increíble. Para mi fue como ver a un controlador de vuelo de la NASA dirigir a un grupo de astronautas a cómo hacer su entrada a la atmósfera con un motor apagado. Nos reímos de su hazaña, y continuamos nuestro Camino contentos.


Un regalo

Moraleja y enseñanza del día que nos brindó El Camino: por más principiante o desconocedor que usted sea en algo, si lo sabe hacer aunque sea un poco, usted es más valioso que cualquier otra persona que no lo sepa hacer en lo absoluto. Ese día, nuestro mecánico estrella fue el mejor de todo El Camino de Santiago. Porque fue el único que pudo salvarle el día a aquel grupo de Peregrinos ciclistas, que de lo contrario no pudiesen haber terminado su Camino.

Más tarde en el día, aquellos ciclistas nos alcanzaron cuando continuaban su Camino y le entregaron a Kike una botella de agua que le compraron como muestra de agradecimiento por su ayuda. Fue un buen día.

El sombrero perdido

Ese mismo día nos detuvimos a comer algo en un bar y conocimos a dos señoras de Valencia que andaban haciendo El Camino juntas. Olvidé mi sombrero en aquel bar. Unos cuantos kilómetros más adelante paramos a tomar café. De casualidad nuestras amigas valencianas pasaron por el mismo bar y cuando nos vieron me gritaron “tengo tu sombrero!”. Recuperé mi sombrero. Hubo selfies 🤳, chistes y cuentos de perras golfas. El Camino proveyó nuevamente.

Un tatuaje

Llegando a Mondoñedo pasamos frente a una especie de monumento a la entrada de la ciudad que consistía de un obelisco en piedra con la costa norte de España engravada. Básicamente una línea de toda esa costa del Mar Cantábrico desde Irún en la frontera entre España y Francia, hasta Fisterra en la costa al norte de Portugal. Y al relieve, en bronce, se delineaba la ruta del Camino del Norte a lo largo de la costa. Ahí vino mi revelación.

Yo llevaba años pensando hacerme un tatuaje pero no había encontrado el SÍMBOLO adecuado. Había transitado entre varias ideas pero ninguna capturaba algo que realmente mereciera, literalmente, quedar bajo mi piel.

Quería un tatuaje que tuviera un significado. Para mi un tatuaje es un asunto serio, y cuando vi aquel monumento a la entrada de Mondoñedo supe que había encontrado el concepto. Desde ese momento sabía lo que quería como tatuaje.

En Mondoñedo encontré mi tatuaje

¿Que me tatue? Pues lo siguiente: En tinta negra, la delineación/mapa de toda la costa norte y oeste de España, y también Portugal más o menos hasta Porto. Dentro de ese mapa hay 3 líneas negras punteadas marcando los 3 Caminos principales de La Ruta Jacobea (Frances, Norte y Portugués). Los 3 Caminos llegan hasta la figura de una vieira, situada en el lugar donde se encuentra la catedral de Santiago de Compostela. En el centro de la vieira, está la cruz roja que simboliza al Apóstol Santiago.

La idea es ir convirtiendo cada tramo andado, que actualmente está trazado en un línea punteada, en una línea sólida. Eventualmente, si la vida me lo permite, podré caminar los 3 Caminos en su totalidad (Francés: aprox. 800 km.; Norte: aprox. 820 km; Portugues: aprox. 620 km) y esas tres líneas serán sólidas en lugar de punteadas. Es la excusa perfecta para “tener” que continuar haciendo tramos. Porque imagínese, cómo voy a dejar a medias esa tarea.

Se preguntará usted, dónde me hice el tatuaje. A ver, adivine…

No, no fue en la parte baja del coxis. Degenerados… 🙂

¿Recuerdan aquella pantorrilla que me puso a prueba por más de una semana antes y durante El Camino? Pues allí, precisamente sobre la lesión que casi me cuesta El Camino. Qué mejor lugar que aquel para poner el SÍMBOLO que llevaba años buscando. Allí está, con el tramo desde Ribadeo a Santiago de Compostela trazado en una línea sólida recordándome aquellos espectaculares 200 km.


La Catedral de Mondoñedo, vista desde nuestra ventana.

Epílogo

¡Buen Camino!

Dos palabras sencillas, que no importa la lengua que usted hable, han sido entendidas por los millones de Peregrinos que han pisado la Ruta Jacobea por casi dos milenios. Un ritual que todo Peregrino comprende, sin la necesidad de ser explicado.

“¡Buen Camino!” Ese es el saludo y despedida tradicional que se le da a quien usted se encuentra mientras camina la Ruta Jacobea. La frase tiene un significado muy especial. Es una expresión genuina de buenos deseos y buena voluntad con ese otro Peregrino. Es instantánea, sin pensarla. Le sale a uno del corazón no importa que usted la diga 50 veces al día, por 9 días, a diferentes personas. Siempre va acompañada de una sonrisa, casi sin uno darse cuenta. Es una forma sencilla y rápida de mirar a alguien a los ojos por un muy corto instante y tener una conversación, sin hablar, que va más o menos así:

¡Hola!

¡Hola!

Que día brutal. No puedo creer que estoy aquí.

Yo tampoco. Que paisajes espectaculares.

Que todo te vaya bien y que disfrutes tu Camino.

A ti también, y salud para ti y los tuyos.

Gracias. Quizás nos veremos en Santiago de Compostela.


En algún punto conocimos a Olivier y varios otros Peregrinos.

Conocimos a Judith en algún punto en El Camino. Luego nos reencontramos en El Monte de Gozo el día que llegamos a Santiago de Compostela. Ella comenzó su camino mucho antes que nosotros. Creo al inicio del Camino del Norte.

Heike, Peregrina de Alemania, en su Camino

Un merecido descanso

¿Te cambia El Camino?

Depende de usted lo que va significar caminar la Ruta Jacobea. En muchas ocasiones (me  atrevería decir que en la mayoría), El Camino es una especie de virus que se le mete en la sangre y pasa a formar parte de usted. Y lo tiene que repetir. No hace falta más que participar en grupos de Facebook para ver a la mayoría de las personas hablar de cuántos Caminos han hecho y cuando es su próximo.

Lo que significa El Camino no es algo que se pueda describir. Usted tiene que, primero, querer caminar, y segundo, caminar. Para mi El Camino es esa piedrita que se te mete en el zapato y no te deja tranquilo. La tienes ahí, y sabes que está ahí. Eso es el Camino. Esa piedrita que se queda con uno y no se puede olvidar.


Algún lugar de El Camino

Esa piedrita me recuerda que hice El Camino y que debería tratar de ser un poco mejor cada día que camino esta Tierra. ¿Es El Camino garantía de que usted será otro cuando lo termine? ¿Garantía de que será transformado milagrosamente? Claro que no.

Esa piedrita en el zapato lo que hace es que me recuerda, cada instante que mi demonio se asoma, que como hice El Camino, más me vale al menos tratar de ser un poco mejor. Porque de lo contrario me habría convertido en la hipocresía que tanto detesto.

Al final de todo, se percata uno que El Camino de Santiago (y ahora hablo del camino físico que se anda, la grama, el asfalto, la gravilla) se puede explicar en términos de energía. Parece contradictorio pero la única manera adecuada que encuentro de describirlo es volviendo a mis raíces del catolicismo.

En mi caso, yo lo asocio a Mateo 18:20 – “Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”.


Un lugar para descansar

El “yo” de esta cita, para el que es cristiano, significa Jesús/Dios. Estoy seguro que en muchas otras tradiciones/religiones debe existir una cita similar. Para mi, la cita aplica al poder que tiene El Camino de manera similar pero un poco diferente. El hecho de que innumerables personas caminen al mismo tiempo, en cualquier momento dado del día, una misma ruta con una misma intención tiene el mismo resultado que describe la cita previa. Se invoca y eventualmente se materializa una misma cosa. En este caso, se materializa la buena voluntad, se materializan las buenas intenciones. En fin se materializa la energía de El Camino de Santiago de Compostela. Cuando miles de personas han caminado en el pasado y caminan a la misma vez que usted en el presente un mismo Camino con una misma intención, todo se traduce a energía.

La cita previa, en el caso de El Camino de Santiago, se traduce a “Porque donde andan dos o tres en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. Ese “yo” en El Camino no es un dios, sino simplemente lo que es importante para todos los Peregrinos que caminan. ¿Y qué es eso? El nombre va a variar. Pero la esencia sigue siendo, como les dije anteriormente, la misma: buenas intenciones, buena voluntad, camaradería. Por esa invocación, al unísono, tan poderosa, por miles de personas separadas por cientos de kilómetros es que desde que la planta de su pie acaricia El Camino por primera vez, usted se siente arrastrado, arrasado, envuelto por ese flujo. O por su Dios, el que sea. Si es que usted tiene uno.

El Camino 2025

Tan pronto completé mi primer Camino, desde Ribadeo hasta Santiago de Compostela que consiste de unos 200 km, comencé a pensar cuándo regresaría. Bueno, pues encontrar la excusa no fue tan difícil. Yo tenía la idea de eventualmente hacer algún tramo con mis tres hijos para exponerlos a esa experiencia. Inicialmente había pensado hacerlo en el verano de 2026 cuando Isabella se graduara de escuela superior y tendría 18 años, y Marko tendría 15. Y más tarde con mi hijo mayor, Alexander. Pero me di cuenta que ese verano de 2026 iba a ser uno muy cargado con todo el asunto de la universidad de Isabella.

De manera que la excusa perfecta para hacerlo nuevamente este año surgió de manera natural. Mi analogía fue suficiente para convencer a Magda de que “tenemos que hacer El Camino con los nenes ya, porque no sabemos si en 2 años vamos a estar aquí.” La Jefa dio el ok, y nos embarcamos en los preparativos. Así que a finales de mayo de este año 2025 nuestros pies saludaran nuevamente El Camino De Santiago. Esta vez serán 5 días y aproximadamente 100km en El Camino Portugués desde Vigo hasta Santiago de Compostela. (la Ruta #3 en el mapa al inicio del escrito)


Los Peregrinos. Las chicas en la esquina superior derecha casi lleganto al tope de la colina y Kike a mitad de subida.

El día de la llegada a Santiago de Compostela. En El Monte de Gozo a unos 5km de la Catedral (al fondo se aprecian las 3 Torres)

¡BUEN CAMINO!

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