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La Junta de Control Fiscal (JCF) tiene connotaciones éticas, morales e incluso psicológicas que no tendría en ninguna otra jurisdicción de Estados Unidos o país en el resto del mundo. ¿Por qué? Todo se reduce a aquella famosa frase “taxation without representation”. En nuestro caso: colonia. Y es aquí donde hay que tener extremo cuidado cuando se trata de analizar la JCF. Hay que ser no solo objetivos, sino honestos con nosotros mismos para poder entender el asunto.
Miremos un momento a Detroit, Michigan para tener un punto de referencia.
En 2013 se creó en Detroit la “Financial Review Commission” compuesta por nueve (9) miembros luego que el Gobernador de Michigan declarara una emergencia fiscal. Esa Comisión tiene la autoridad de aprobar el presupuesto sometido por el Alcalde de Detroit por un periodo de cuatro años. También tiene el poder de aprobación de ciertos contratos y de acuerdos de negociación. Finalmente, dicha Comisión rendirá dos reportes anuales al Gobernador de Michigan por los próximos trece años.
El déficit de Detroit era de aproximadamente $325 millones anuales y de $14 Billones en deuda a largo plazo. Mientras que PR ronda por los $700 millones anuales y $70 Billones en deuda a largo plazo. Juntas similares se han creado para las ciudades de Nueva York, Cleveland, Filadelfia y para Washington DC.
Para todas estas ciudades, la JCF tuvo grandes efectos en la política partidista como los tendrá en PR. (a nadie le gusta que le llamen incompetente para después tratar de convencer a sus conciudadanos de que se merece su voto a pesar de esa incompetencia). Pero lo que no tuvieron ninguna de estas ciudades fue la discusión que se da en Puerto Rico a raíz de nuestra condición de colonia. Si bien es cierto que hubo gran resistencia en todas estas ciudades por parte de los políticos y ciertos sectores de la ciudadanía ya que sentían que se estaba usurpando su derecho a autogobernarse, ninguno de esos casos se compara a las discusiones referentes al estatus que nos ahogan a nosotros. Las cuales no son negativas; sino por el contrario son positivas. Lo importante es reconocerlas y reconocer sus implicaciones.
Hay que notar que todas las Juntas que mencioné anteriormente fueron creadas por el gobierno del estado para supervisar una ciudad en específico (con la excepción de Washington D.C.). Estas Juntas no fueron creadas por el Congreso como lo sería en el caso de PR. Estas ciudades, al menos tenían cierta tranquilidad al asumir que serían ciudadanos de su mismo estado y su ciudad quienes serían nombrados a dichas juntas. Y que sus Congresistas velarían por sus mejores intereses. Para ellos no estaba presente el asunto de sentir que un gobierno no elegido por ellos estaría tomando las riendas de las finanzas de su ciudad.
En el caso de PR es diferente. Quien estará confeccionando la JCF será el Congreso y ahí es que comienza el problema. Un Congreso del que no formamos parte ya que no tenemos voto para elegir a sus integrantes. Y esta es una preocupación genuina e importante.
El negativo mayor de la JCF es que quién nombrará a sus miembros es un ente en el cual no tenemos representación. Aún suponiendo que las personas nombradas sean las mejor capacitadas para pertenecer a la JCF y que vayan a realizar una labor extraordinaria y eventualmente ayudar al gobierno de PR a salir del atolladero, eso no salva el obstáculo de la falta de representación y democracia en el proceso. Fíjese que no estoy discutiendo si las características de la JCF son buenas o malas. Limitémonos por el momento al asunto de nuestra total falta de representación.
Es ética y moralmente inaceptable que en pleno siglo XXI exista un grupo de personas o sociedad en este planeta que esté sometido a la voluntad y poder de otros sin ningún tipo de representación. Es ofensiva la situación en la que nos encontramos, teniendo que ir al Congreso a rogar por migajas. Es brutal escuchar y leer los argumentos y discusiones en radio, televisión y prensa escrita sobre qué poderes debe o no debe tener la JCF.
Esto me lleva al ejemplo del segmento de nuestro ganador del premio Pulitzer, Lin-Manuel Miranda en el programa de John Oliver. Yo vi el segmento en su totalidad (no solo el rapeo de Lin-Manuel) ya que es uno de mis programas favoritos y debo confesar que sentí una mezcla de orgullo y vergüenza al verlo. Ese segmento consta de dos partes: un monólogo de John Oliver sobre PR y nuestra situación fiscal, y el rapeo de Lin-Manuel.
El monologo de John Oliver fue extremadamente jocoso como siempre. Pero al verlo no le resta a uno más que darse cuenta que tenemos un gran problema. Escuchar a alguien totalmente ajeno a Puerto Rico rogar porque nos ayuden es patético. El hecho de que tengamos las manos atadas políticamente y que tengamos que recurrir a entes ajenos a PR para que se nos escuche es increíble. Que bueno que se haya llevado nuestra situación a un programa de gran audiencia a nivel nacional; pero no deja de ser denigrante lo que eso retrata.
Del otro lado está el rapeo de Lin-Manuel. Primeramente hay que repetir que Lin-Manuel es “un mostro”, “un caballete”, como decimos en Puerto Rico. Su talento es de calibre mundial. No se limite a darse puños en el pecho porque es boricua. Vaya y haga una búsqueda en internet y descubra todos sus logros no solo en teatro, sino en la música, televisión, cine y literatura. En mi opinión Lin-Manuel está destinado a convertirse en un símbolo universal de lo que es el arte en su mejor expresión.
La participación de Lin-Manuel en el programa causó en mi sentimientos encontrados ya que honestamente aprecio lo que está tratando de hacer para ayudar a su país pero sin embargo el verlo utilizar su arte para rogar (y casi llorar al final de su interpretación) que se nos ayude me recordó nuevamente la posición tan indigna en la que nos encontramos y a lo que nos tenemos que rebajar para ser tomados en consideración.
Me pareció de particular importancia aquella línea donde dijo “the great debate over statehood has to wait. That’s Rose and Jack on the Titanic asking – When’s our next date?” Es ahí donde Lin-Manuel se equivoca. No es que el debate sobre la estadidad tenga que esperar. Todo lo contrario. Si somos honestos con la patria, hay que reconocer que el debate sobre nuestra dignidad y soberanía se tiene que dar ahora. El retrasarlo es ser partícipes de nuestra denigración como pueblo.
El maldito estatus es una grieta que nos divide como pueblo y que es imposible de sanar por si misma. El estatus es esa lastimadura en una rodilla o en la espalda que no le permite a usted practicar su deporte favorito como usted quisiera, a plenitud. Y usted decide olvidar esa lastimadura en lugar de atenderla. Es la causa de sus problemas, pero usted tiene miedo a operarse la espalda por los peligros que eso conlleva.
El estatus es esa cicatriz en la espalda, que no podemos ver, pero que sabemos que está ahí y que como nunca sanó del todo de vez en cuando molesta. El estatus nos divide brutalmente y es en parte lo que nos tiene en esta situación indigna. Fíjese que yo no pretendo decir que es por culpa del estatus que tenemos esta deuda. No. Esta deuda es culpa de nosotros (el argumento de que la culpa es compartida con el Congreso es válido, pero esa es otra discusión que no es el propósito de este escrito). Lo que sí no despinta nadie es que si fuéramos una nación independiente podríamos recurrir a instituciones financieras mundiales u otros mecanismos a pedir ayuda o algún tipo de intervención. O si fuéramos estado tendríamos el beneficio de poder ir a la quiebra y mucho más poder en el Congreso a través de nuestros Senadores y Representantes. Olvídese si la independencia es mejor que la estadidad o viceversa. Esa pregunta no tiene una contestación correcta. Ambas pueden ser buenas y ambas pueden ser malas. Lo importante es reconocer que ser esclavo no fue bueno hace 500 años, no es bueno hoy ni lo será mañana.
No, la deuda no es culpa del estatus (aunque muchos otros problemas sí lo son de manera indirecta). Pero la falta de mecanismos para resolver el problema sí lo es. Y es ahí donde tengo mi gran diferencia con Lin-Manuel y los que piensan como él. Negar la pertinencia del estatus en este momento histórico es irresponsable. Esta crisis es precisamente la oportunidad que tenemos para resolver esta situación tan inmoral en la que hemos estado por más de 500 años.
El amor a la patria no se puede confundir con el amor a nuestros propios ideales. Si de verdad se quiere al país hay que estar dispuestos a aceptar la decisión que el país tome. Es muy sencillo sentarse a hacer disertaciones filosóficas de mecanismos para definir el estatus si la contestación a la siguiente pregunta no es un rotundo y ensordecedor “Sí.” Esa pregunta es:
¿Estoy dispuesto a aceptar un estatus diferente al que yo creo que es el mejor si la mayoría de los puertorriqueños se decide por otro o si el Congreso solo está dispuesto a otorgar uno que tampoco es el que yo deseo?
Si su contestación a esa pregunta es un SI, entonces a usted realmente le interesa el bienestar de su país. Si su contestación es que no, y que usted jamás aceptará nada que no sea su idea de lo que es mejor para PR entonces usted realmente no ama a su país. Usted se ama a usted más que a la patria.
Estoy de acuerdo en que hay que luchar con todas las fuerzas por lo que uno cree. Pero esa lucha puede llegar solo hasta el momento en que se toma la decisión final. Si luego de tener la contestación se insiste en obstruir lo que sus compatriotas desean, entonces se es mezquino y no patriota.
Mire usted si el asunto del estatus nos divide, que en una súplica por ayuda federal Lin-Manuel mencionó el tema de la estadidad bajo la premisa de que no es importante, mientras hay muchos otros puertorriqueños (estadistas e independentistas) que residen en la isla que piensan que sí lo es y que ese asunto afecta su calidad de vida a diario. Esa eterna disputa de estadidad, colonia o independencia siempre es la píldora venenosa de todas nuestras discusiones de política pública.
Esa discusión se da en este momento porque es algo que nos divide y que solo entendemos nosotros los puertorriqueños. Afecta incluso a Lin-Manuel, que trajo el asunto y dio su opinión desde su perspectiva. En mi opinión, la letra debió haber dicho:
“the solution for status and dignity can’t wait. That’s Samuel Bowers telling Dr. King – Equality is really not at stake.”
Lo positivo que ha traído toda esta crisis es que estamos discutiendo el problema que se ha estado formando por los pasados 30 años.
La JCF es beneficiosa siempre y cuando entendamos que la implementación de la misma tiene por obligación que estar atada a la resolución del estatus. Sí, la JCF es inmoral ya que no tendremos casi ninguna participación. Pero si usted no ve esa inmoralidad como la mayor prueba de que el estatus es importante, entonces estamos destinados a ser colonia hasta que Colón baje el dedo.
Ninguna Junta implantada ha sido perfecta. Pero hay ejemplos de éxito. Y si nosotros definimos una ruta y un plan razonable, usted puede estar seguro que si se le presentan a esa JCF los mismos serán considerados con seriedad. Recuerde que a nadie le gusta meterse a resolver los problemas de otro. Y el Congreso no opera de manera diferente. Es por eso que no se han querido meter de lleno en el problema. Una vez entren, toman responsabilidad del problema lo quieran o no. Nos toca a nosotros “facilitarles una salida” si se llegase a implementar la JCF. Y le facilitamos la salida al Congreso delineando un plan razonable. Claro, ese precisamente ha sido nuestro problema; el no poder delinear ese plan.
Yo no tengo absolutamente ningún problema con un Puerto Rico independiente o un Puerto Rico formando parte de la federación de estados si es lo que la mayoría desea. Ya estamos bastante creciditos para que nos metan miedo con el asunto del comunismo, socialismo y mucho menos con la pérdida de Miss. Universo, el español o del arroz con gandules como expuse en mi escrito Metamorfosis.
Yo espero vivir el momento cuando finalmente solucionemos el asunto. Porque si no es así le estaremos dejando tremendo problema a la próxima generación.
Hay que ser agresivos y empujar el issue para que sea resuelto aprovechando la crisis. Sino, será simplemente una yunta de bueyes lo que se nos estará colocando sobre el cuello mientras el amo camina detrás de nosotros como ha ocurrido desde el 1493.