Odiame

“ódiame por piedad yo te lo pido
ódiame sin medida ni clemencia
odio quiero más que indiferencia
porque 
el rencor hiere menos que el olvido

 

si tu me odias quedaré yo convencido
de que me amaste (mujer Boricua) con insistencia
pero ten presente de acuerdo a la experiencia
que tan solo se odia lo querido” 
Odiame – Julio Jaramillo

 

 

No sé si es que cuando uno se va de Puerto Rico las cosas le afectan un poco más o simplemente que cuando se pasa de los cuarenta uno se pone hiper-sensitivo.

El asunto de la UPR, por alguna razón, me tocó el botón de la indignación. Me da una pena increíble lo que está sucediendo. Pero como dice aquella pegatina que vi alguna vez: karma is a bitch. Nos alcanzó el karma. Y nos va a estremecer sin piedad, sin misericordia. Nos va a doler, pero que bueno.

El escándalo de las becas es algo terrible porque nos retrata claramente y desnudos, ante un espejo, para que apreciemos nuestro cuerpo de adolescentes inmaduros. A la UPR la han matado también los mismos que hoy gritan y se rasgan las vestiduras. Son también esos (saben a quienes me refiero, si se necesita explicación el problema es más trágico aun) los que han herido de muerte a ese animal que hoy ruge moribundo. Aquel animal vibrante (para unos un perro y para otros un gallo o un toro), que hace décadas nos hizo sentir orgullosos, es hoy un unicornio; hermoso animal en nuestra imaginación pero inexistente en la realidad. ¡Detestables irresponsables que fuimos y seguimos siendo! Nos debemos aborrecer a nosotros mismos por habernos hecho tanto daño. Nos debemos odiar, detestar, por el daño infligido.

Uno de los mejores ejemplos de lo trágico que es todo este asunto lo expresó un profesor al decir que él no sabía con qué cara se iba a presentar en la próxima conferencia a la que fuera invitado sabiendo que probablemente quien lo escuchase hablar se estaría preguntando si él era de ese grupo de buscones de la UPR. ¿Se imagina usted lo vergonzoso que debe ser pararse frente a una multitud a hablar y estar pensando en todo momento si sus pares le consideran un charlatán, un fiasco un mediocre, un incompetente?

El asunto de las becas es solo otro de los resultados de décadas de maltrato a esa institución tan importante. Tome el asunto de la quiebra de esa institución. Una institución que produce contables, economistas y gerentes, entre otros; pero nunca fue capaz de hacer una autoevaluación y decirse a si misma: “coño, a la verdad que no hay forma de ser económicamente viable para el país con un crédito a precio de pescao abomba’o y sin aumentar la matrícula un centavo”. ¡Maldita sea nuestra incompetencia! ¡Te odio!

Pero al final, acabamos siendo TODOS NOSOTROS los culpables, porque la patria es una. Y los que la matamos, ni nacimos de un racimo de plátano ni nos educaron en Marte. Nos pario la patria, nos educó la patria y acabamos siendo los salvajes que somos hoy… gracias a la patria.

Y entienda usted que cuando digo patria en este contexto no me refiero al Puerto Rico de ensueño que usted tiene en su mente. Al Yunque, ni a Culebra. A esa tierra mítica del cordero que por alguna razón usted piensa que Dios protege de los huracanes y terremotos mientras deja que Haití y la República Dominicana se jodan cuando a la naturaleza le venga en gana. Sí, porque realmente creemos que nosotros somos mejores que ellos y Dios nos quiere más.

Cuando hablo de patria me refiero a la patria que somos usted y yo. Porque a la patria no la hace ni El Morro, ni Playa Santa, ni el coquí, ni las Tetas de Cayey. Patria somos tú y yo. Y si la patria hoy está moribunda es por culpa nuestra.

Y la gran pregunta es: ¿Por qué? ¿Por qué nos pasó esto? Les voy a decir por qué. Les voy a decir MI verdad. Porque como bien me enseñó una buena amiga, siempre hay tres verdades. MI verdad, TÚ verdad y LA verdad.

Nos convertimos en gentes de convicciones de embuste. Nos convertimos en gentes que en lugar de detestar y odiar la mediocridad nos acostumbramos a ella. Nuestras convicciones se convirtieron en un buche de agua tibia que no nos quitó la sed, más nos hizo vomitar.

Hay que odiar la mediocridad con fuerzas. ¡Con ganas! Hay que detestarla siempre. Hay que indignarse siempre. No cuando nos convenga. No solo cuando venga del candidato del otro partido. No solo cuando venga del gobierno porque yo soy de la unión. No solo cuando venga de la unión porque yo soy del gobierno. No solo cuando venga de la empresa privada porque yo soy del gobierno. No solo del gobierno porque yo soy de la empresa privada.

No se llame a engaño y piense que otros gobiernos y países no tienen sus asuntos similares. Eso ocurre en todos lugares. Desde Canadá a la Patagonia y desde Estados Unidos hasta Japón. La diferencia es que la tolerancia a la mediocridad tiene un límite mucho más bajo que el que nosotros hemos establecido.

Otra característica de ese problema de tolerancia a la mediocridad es que se ha convertido en uno que no es exclusivo del gobierno. Mire con detenimiento la cantidad de organizaciones, Colegios, Asociaciones y grupos multisectoriales que en algún momento todos respetamos y hoy día sabemos que son madrigueras de incompetencia y mediocridad. ¿Pero saben qué? Bueno que nos haya sucedido. Porque como a nosotros no nos afectaba en aquel momento, veíamos la mediocridad y no nos indignábamos. Veíamos el truco y no nos indignábamos. Pero ahora sí nos indigna. Ahora vemos lo que pasa en la UPR y nos preguntamos como es posible. Pues sencillo. Es posible porque nunca le metimos mano al problema ya que no sentíamos que nos afectaba. Pero hoy sí nos afecta, porque hay que subsidiar un animal moribundo que no se puede sostener por sí mismo.

¿Recuerdas cuando te quejabas porque el gobierno era gigantesco e ineficiente? Te quejabas tú, los políticos y la prensa. Se quejaban todos. Cuando creían que no podían despedir a nadie pedían cambio a gritos. Hasta que llegó el momento de despedir gente, o reubicarlos, o readiestrarlos. Entonces gritaron ¡INJUSTICIA! Y las convicciones se las llevó el viento. Porque detestamos el problema mientras no nos afectaba. Mientras no te tocaba.

¿Recuerdas cuando exigías un cambio en la AEE? ¿Cuándo exigíamos que se comenzara a utilizar gas natural y otras fuentes alternas de energía? Pues llegaron dos gobiernos, uno rojo y uno azul que trataron de dar un primer paso. Y cuando te apestó a cambio te dio diarrea y las convicciones se fueron de carrerita. Que si el tubo del sur era malo… Que si el tubo del norte era malo… No me des esa excusa porque si otros países lo han podido hacer, por qué la isla del cordero que está bendecida por Dios no ha podido? Me dueles mi hermano, me dueles. Y te digo desde lo más profundo de mi corazón y con una tristeza increíble, aunque no lo creas… LAMBETE LA FACTURA DE $350 AL MES. ¿Qué te ofende? ¡QUE BUENO COÑO! No es que me alegre, es que con dolor en el alma reconozco que nos lo hemos buscado porque no fue culpa del gobierno solamente, ni de los políticos. Fue nuestra culpa. A mi esa factura ya no me afecta porque me fui, pero sigue afectando a todos los que dejé atrás. Incluyendo un hijo. Así que al final del camino, sí me afecta.

Sí, oféndete. Pero no porque desprecio la patria, sino porque desprecio en lo que nos convertimos. O mas bien, sí desprecio la patria porque como mencioné anteriormente la patria no es coquí, la patria somos tú y yo. Y le hicimos un mal servicio.

¿Recuerdas cuando exigías candidatos nuevos? ¿Candidatos independientes? ¿Candidatos jóvenes? ¿Candidatos que no vinieran de la política partidista? Pues ahora tienes para escoger y vuelves a odiar a medias. Tan pronto Alexandra Lúgaro y Manolo Cidre surgieron volvimos a vomitar. ¡Maldita agua tibia! ¡Malditas convicciones tibias!

A Lúgaro la marcaron desde el principio. Se nos salió el machismo. Nos molestamos con ella porque es altanera. Es bien arrogante. Nos molestan sus fotos con cara seria, sin una sonrisa. Surgieron sus fotos en traje de baño… ¡en la playa!, y esa fue la prueba final e indiscutible de que es “una…”. Pero antes gritábamos pidiendo una mujer fuerte, segura de si misma. Que no se sintiera menos que los hombres. Pero en el momento de la verdad, volvemos a vomitar. Porque no odiamos esa mediocridad de verdad. La odiamos solamente cuando es un cliché que se escucha culto, erudito y educado en programas de radio y televisión.

A Manolo Cidre nos atrevemos a criticarlo y juzgarlo porque es extranjero. ¡Qué infelices y descarados somos! Ya quisiera yo que fuéramos la mitad de lo que ha sido Cidre para esta patria.

¿Recuerdas cuando te quejabas del sistema de educación? Pedías a gritos una reforma. Hablaban maravillas de Finlandia, de Corea del Sur, de China. Bhatia dio un paso y volvimos a vomitar. Porque no odias de verdad la mediocridad.

¿Recuerdas cuando te quejabas porque el Departamento de Educación tenía demasiados empleados y el doble de escuelas de las que se necesitan, y por eso se derrochaba dinero? Pues te escucharon y decidieron cerrar unas cuantas escuelas y evaluar a los maestros. Y volviste a vomitar. Porque realmente no detestamos la mediocridad y el gasto innecesario de dinero. Y por favor, no me digas que se hizo de la manera incorrecta hermano. Porque entonces eres parte del problema. Mírate. Reconoce nuestros defectos y fracasos. No te sigas engañando.

Y la prensa… Que prensa mediocre hemos engendrado y cultivado. La de ambos lados. La que está teñida de azul, la que está teñida de rojo y la que está teñida de verde. Las tres dan asco. ¿Qué son divertidas en ocasiones? Sí. En ocasiones divierte, pero en muy pocas educa o aporta. Hasta reporteros jóvenes que comenzaron más o menos bien ya tienen pinceladas de periódico amarillista.

 

¿LA SOLUCION?

Las soluciones no hay que escribirlas, ni analizarlas. Todos las sabemos. Es cuestión de ejecutar.

Pero fíjese que el problema de fondo no es que los políticos sean malos y mediocres. Mirémonos sincera y sosegadamente nosotros mismos y veremos que de vez en cuando ha surgido un político o un líder que ha tratado de cambiar el rumbo. Aunque haya sido de manera tímida, los ha habido. ¿Y qué sucedió? Sucedimos NOSOTROS. Los que empezamos a quejarnos. Los que comenzaron a llamar a las estaciones de radio y televisión. Los que se quejan en Facebook y twitter. Todos hemos pecado de lo mismo en algún mayor o menor grado. Pero lo importante es irnos dando cuenta poco a poco del error. Sucedieron los grupos multisectoriales, mesas de diálogo, consensos de país o cualquiera de esas otras construcciones mentales. Sucedieron, en su mayoría, como la excusa perfecta para decir que hacemos sin hacer. Solo unos pocos de esos son honestos. Los otros están repletos de boricuas bestiales.

La historia ha enseñado que no son ni los partidos ni un grupo de líderes lo que son necesarios para un cambio. Solo hacen falta dos elementos: gente lista para un cambio y un líder (solo uno) con las pelotas lo suficientemente grandes para echarse en contra a un poco menos de la mitad del país y a favor a un poco más de la mitad.

No esperemos que luego de una elección hayamos elegido a una Legislatura de estrellas que vaya a trabajar en un constante romance con el Gobernador y los Alcaldes. Si usted piensa que eso puede suceder lamento romper su corazón.

Lo que hace falta es un gobernador o gobernadora…

(luego de escribir la línea de arriba me acabo de percatar de mi comentario machista del párrafo anterior. El de “las pelotas”. ¿Por qué tienen que ser pelotas? ¿Qué rayos tienen que ver las pelotas con la valentía? ¿Y si es mujer? Bueno, pues regrese al párrafo anterior y sustituya “las pelotas” por “valentía”. Fíjese que muchos de ustedes lo leyeron y continuaron sin percatarse del bias que conlleva dicho comentario. Por eso no lo edité.) Continuamos…

Lo que hace falta es un gobernador o gobernadora con un poco de valentía; pero más importante que eso, hace falta que tú y que yo crezcamos y maduremos.

Todos hemos pecado de pensar que sabemos la solución. Que sabemos que el otro está equivocado. Eso no está mal a los 15 años. El problema es que no tenemos 15 años. Sino que cada día somos un pueblo de gente más vieja pero nos seguimos comportando como quinceañer@s. Pensando que los adultos están equivocados y a la menor provocación nos da una perreta.

¿Cómo saber cuando nos está dando esa perreta? ¿Ese capricho de niño? Yo creo que una forma es simplemente reflexionando sobre cómo cree usted que su hij@ le vería si estuviese a su lado y le viese comportarse. Si la respuesta es que usted no quisiera que su hij@ viese, escuchase o leyese lo que usted escribe, entonces probablemente debamos reflexionar un poco. Porque al final del día, por lo general, a uno lo único que le interesa es que los hijos no se avergüencen de nuestros actos o nuestras omisiones.

Esta entrada fue publicada en Opinión. Guarda el enlace permanente.

1 Response to Odiame

Deja un comentario