De Bhatia, las Escuelas, el Charco La Maga y Otras Cosas

Malditos los que defienden al pueblo con palabras y lo traicionan con los hechos. – Benito Juárez García

Lamentablemente Bhatia tiene razón. Es cierto que generalizó, y quizás dijo cosas para las que no tiene los datos correctos en un 100%. Pero es que de eso se trata, se trata de que el problema en el sistema público es uno general y no se puede pretender que una golondrina haga verano. Yo personalmente entiendo su frustración.

Yo soy uno de esos cliché que se usan para justificar nuestro fracaso como país en la educación. Hijo de plomero y ama de casa, graduado de la escuela superior Jaime A. Collazo del Río en Morovis con alto honor. Egresado como ingeniero civil, magna cum laude, del RUM. Pero yo no soy el niño símbolo de la educación pública del país. Los pasados días he escuchado la frase: he tenido éxito a pesar del sistema, no gracias a este. También me aplica ese cliché.

Creo que a mi me tocó vivir ese proceso de transición de un sistema relativamente bueno durante mis años de escuela elemental (1980 – 1986) a uno ya en gran deterioro durante mis años de escuela superior (1990 – 1992). Recuerdo que durante el periodo de educación elemental tuve excelentes maestros pero ya cuando cursaba la intermedia y superior tenía horas libres que ni botándolas se acababan.

Fueron varios los semestres en que no tenía ninguna clase después de las doce del medio día. ¿Y sabe usted lo que yo y otro grupo de niños hacíamos? Echábamos en nuestra mochila todas las mañanas una muda de ropa adicional y tan pronto terminábamos de almorzar en el comedor escolar comenzábamos nuestro peregrinaje hacia el Charco La Maga, el Charco Azul o algún otro charco famoso de nuestro pueblo de Morovis. Allí pasábamos varias horas sin ninguna supervisión, expuestos a ahogarnos o tener cualquier accidente; ya que cuando se tiene entre 14 y 18 años usted no piensa que haya ningún riesgo en darle un empujón a un pana para que este caiga al charco desde 20 ó 30 pies de altura. Así transcurrieron mis años de escuela superior e intermedia.

Eso ocurrió entre 1987 y 1992 cuando todavía el deterioro del sistema no era tan marcado. Cuando todavía quedaba bastante inocencia y valores morales en nuestra sociedad. Me da escalofríos imaginar los riesgos a los que están expuestos los niños de hoy en día.

Cuando se habla del deterioro de la educación (estudiantes y maestros) siempre se utiliza el argumento de que no se puede generalizar, de que son algunos los mediocres pero que la mayoría son excepcionales. Siempre he considerado que hacer dicha salvedad es el acto más hipócrita que se puede hacer cuando se habla del tema. ¿Sabe por qué? Porque es una falta de respeto a los maestros buenos ya que se les está diciendo que aunque ellos son la mayoría han fracasado. Y me da la impresión que no es así, sino que el sistema ha ido corrompiendo poco a poco a la clase magisterial.

Véalo de esta manera. Si usted tiene un saco de papas con varias de ellas podridas, usted no considera que el saco está dañado. Pero en el caso del Departamento de Educación todos sabemos que el saco está dañado y que lo que hay son unas cuantas papas que tienen salvación. Esos pocos que sobresalen (estudiantes y maestros) son los que vemos en los reportajes noticiosos cada vez de manera menos frecuente.

El caso de los maestros es uno excepcionalmente difícil ya que se ha mezclado el deterioro social, la politización, el deterioro del sistema de educación y la falta de recursos. Para que no se me enojen los maestros por lo que escribí en el párrafo anterior, les voy a decir lo que yo pienso de ustedes.

Pienso que el que quiere estudiar pedagogía en los tiempos que vivimos es como aquellos gladiadores del primer siglo antes de Cristo, quienes eran hombres libres y decidían ser gladiadores sabiendo que probablemente morirían. Pero aun así decidían buscar la gloria en la arena. Así hay que ser en estos tiempos para querer ser maestro. Querer ser maestro es querer entrar a un sistema malo, ingrato, abusador, de mala paga y altos niveles de estrés. Esa es una de las razones por las que creo que aun hay esperanza, porque todavía hay gente joven que quieren educar a futuras generaciones. Para ustedes, los buenos, mis respetos.

Por otro lado, no puedo solo imaginar lo devastador que debe ser para el espíritu de los buenos maestros el estar sumergido en las aguas del sistema, nadando contra la corriente para tratar de mejorarlo solo para ver que son pocos a los que les interesa hacer un cambio. Yo tengo una idea de lo que se siente ya que fui empleado público; pero no creo que mi frustración sea comparable a la de un maestro ya que ellos están a cargo del desarrollo de otro ser humano lo cual es una responsabilidad casi sagrada.

Mire usted si a veces se pierde la perspectiva de dónde se encuentra nuestra educación que en diciembre de 2013 se publicó una noticia que hacía alarde de los resultados del College Board. En la misma se mencionaba que de las 11 puntuaciones más altas, 6 eran de escuelas públicas. Pero cuando usted lee la noticia se percata de que 3 de esos estudiantes son de CROEM y 1 de ellos es de la escuela superior especializada Thomas Armstrong Toro de Ponce.

O sea, 4 de los 6 que se utilizan para hacer hincapié en lo exitoso que está siendo el sistema público provienen de escuelas que funcionalmente no pertenecen a ese sistema. ¿Por qué digo esto? Porque CROEM y la escuela Thomas Armstrong Toro son escuelas especializadas que tienen métodos de enseñanza y recursos que no son los mismos que el de las escuelas de la corriente regular. El hecho de que de esos 6 estudiantes de escuela pública, 4 sean de escuelas especializadas lo que nos dice es que hay que ser diferente a lo que es el sistema de educación tradicional para poder ser exitoso. La verdadera noticia es que solo 2 de las 11 puntuaciones más altas son de estudiantes de escuelas públicas comunes y corrientes. Los restantes 9 pertenecen a una corriente educativa diferente y que no es la que tienen disponible la mayoría de nuestros estudiantes.

Otro ejemplo de ese síndrome de negación es la reacción vergonzosa del Departamento de Educación luego del fracaso de nuestros estudiantes en las pruebas PISA. Los estudiantes fracasaron y la respuesta oficial del DE fue que “En estas fases, el contenido examinado es parcial y solo mide el nivel de preparación de los jóvenes para tomar la prueba y su comportamiento ante los ítems presentados. Estos resultados lo que muestran es el nivel de familiaridad que tienen nuestros estudiantes con este tipo de evaluación”.

Yo no se cómo usted interpreta esa respuesta pero lo que yo entiendo es que los estudiantes salieron mal porque no tuvieron un comportamiento adecuado ante los ítems presentados. En otras palabras, la prueba nuestros muchachos no la entienden. ¡Que barbaridad! Caramba, ya es hora de que comencemos a comportarnos como adultos y aceptemos nuestros fracasos para poder enfrentarlos y superarlos. Querer hacer ver que los resultados fueron desastrosos porque nuestros jóvenes no están preparados para tomar la prueba es una falta de respeto a esos mismos jóvenes.

El sistema educativo requiere ser repensado totalmente pero mientras el propio gobierno, el Secretario de Educación, los líderes de los gremios magisteriales y los mismos maestros no comiencen a sentir vergüenza por el producto que esas escuelas están produciendo no veremos la luz al final del túnel. Claro que la culpa no es solo del sistema educativo ya que gran parte del problema es responsabilidad de los padres y madres de los estudiantes. Es un círculo vicioso en el cual cada factor determinante que ha fallado se alimenta del fracaso del otro. Fallan los padres, falla el sistema de educación. Falla el sistema de educación, fallan aún más los padres. Un espiral que nos tiene en caída libre. Y mientras tanto el resto del mundo se esfuerza por tener ciudadanos bilingües, empresarios y mejor preparados que los nuestros.

P.D. A mis maestros de intermedia y “high” mi agradecimiento (solo a los buenos, ustedes sabes quienes son) por haber sido para mí y mis compañeros buenos guías. Por haberme obligado a leer Una Flor Amarilla y La Autopista del Sur de Cortazar y algún poema de Robert Frost. Gracias a ustedes no salí tan malo después de todo… 🙂

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