El Bombón

Cierre sus ojos, imagine un bombón y cuando lo vea póngale su sabor favorito. Ahora haga con él en su mente lo que se hace con cualquier bombón… Chúpelo, chúpelo más, siga chupándolo y al final muérdalo y saboréelo. Perfecto.

Ahora prenda su computadora. Vaya a la página de Primera Hora. Busque la sección El Bombón. Mire El Bombón. Ahora haga con él en su mente lo que se hace con cualquier bombón… Chúpelo, chúpelo más, siga chupándolo y al final muérdalo y saboréelo.

¿Fuerte verdad? Sí, lo es. Pero, ¿por qué cree usted que se le llama así a dicha sección? ¿Por qué no “La Mamisonga de la Semana?” Pues porque El Bombón es más pícaro, más atrevido. Pero demuestra un poco nuestros estándares dobles.

Me explico. Hace unas semanas hizo noticia un video de una joven en youtube que mientras caminaba por las calles de New York era acosada por cientos de hombres que le decían barbaridades como: How you doing today?, How are you this morning?, Have a nice evening, Hello good morning. Y varias otras un poco más cafres. El video causó revuelo en las noticias tradicionales y en las redes sociales. “¿Cómo es posible?” “¡Qué barbaridad!” decía la gente.

En aquel momento recordé El Bombón de Primera Hora y me di cuenta que dicho bombón es mucho más degradante y ofensivo que el video de la joven recibiendo piropos no deseados en la calle. Sin embargo, El Bombón es un tradición casi tan puertorriqueña como la Navidad o Halloween y nadie nunca se ha sentido ofendido. Ni hombres ni mujeres. ¿Quién no visitó alguna vez el taller de mecánica de su preferencia y allí estaban decenas de fotos de Los Bombones pegadas en la pared? Y vamos, si soy honesto tengo que admitir que yo nunca me sentí ofendido en mis “teens” cuando las veía pegadas en la pared. Pero eso no implica que no hubiese nada de malo. Simplemente se veía como algo natural.

Mi premisa no pretende comenzar un discurso de moralidad extrema. El país tiene cosas mucho más importantes que atender que una foto de una muchacha pobre en una sección del periódico. Pero como dicen, el diablo está en los detalles.

Esta entrada fue publicada en Opinión. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario