Yo soy, como la mayoría de ustedes imagino, de los que por lo general visita Sea World en cada viaje a Orlando. Es uno de los parques “obligados” ya que hay que llevar a los niños, y a papá, a ver el espectáculo de Shamu. El show se llamaba Believe la última vez que lo vi. Y no, no participaba Justin Bieber. El mismo ha sido modificado y su nuevo nombre es One Ocean. En el espectáculo actual los entrenadores no están dentro de la piscina con las ballenas.
La razón del cambio es una demanda que entabló OSHA (Occupational Safety and Health Administration). A su vez, la demanda es el resultado de las múltiples fatalidades que han ocurrido debido al ataque de ballenas Orca en cautiverio a seres humanos. En ambiente natural nunca se ha reportado un ataque de estos mamíferos hacia seres humanos.
En múltiples ocasiones he visitado el parque con mis hijos y realmente es una experiencia extraordinaria. La manera en que el espectáculo está coreografiado apela al sentimiento de conservación que todos tenemos en un mayor o menor grado y nos hace reflexionar sobre nuestro roll y responsabilidades como los mamíferos más inteligentes del Planeta.
El tema del espectáculo Believe se centraba en la historia de un niño que desde temprana edad desarrolla un vínculo sentimental con una ballena, y de como ese vínculo logra influir en su carácter y actitud convirtiéndolo finalmente en… el entrenador que nos presenta el espectáculo en vivo. Los excelentes visuales de la transformación del niño y la perfecta musicalización hacen de la experiencia una perfecta.
Esa experiencia era recordada con mucho agrado hasta que CNN destrozó mi percepción de la experiencia con su documental Blackfish.
Hace varias semanas vi este documental que presenta la manera en que son adiestradas y mantenidas en cautiverio las ballenas. El mismo se centra en una en particular, Tilikum. Es Tilikum el que todos conocemos por el nombre artístico de Shamu. Tilikum ha estado envuelto en tres muertes.
El primer incidente fue cuando pertenecía a lo que se conocía como Sealand of the Pacific ubicado en British Columbia, Canadá. El segundo ocurrió en 1999 cuando ya Tilikum pertenecía a Sea World y el tercero en 2010. Este último incidente ocurrió durante una presentación de Tilikum durante lo que se denomina “Dine With Shamu”. Este es un espectáculo en una piscina más privada en la cual Tilikum hace de sus peripecias mientras la familia tiene la oportunidad de cenar al borde de la piscina y saludarlo de cerca. No se está tan cerca como para que Tilikum pueda darte un mordisco y convertirte en su cena pero sí lo suficiente como para poder apreciarlo muy de cerca. Hace unos 5 años participé de ese espectáculo.
Volviendo al documental Blackfih, el propósito de este artículo es generar discusión sobre el trato que se les da a estas ballenas en Sea World. En general hay dos opiniones diametralmente opuestas.
La primera, la de Sea World, es que estos mamíferos son tratados con extremo cuidado, cariño y que su cuidado es el mejor que podrían recibir. Y que además, el tenerlos en el espectáculo ayuda a despertar el sentido de conservación y amor hacia los animales. En especial en nuestros niños que son los que al fin y al cabo heredarán el Planeta. También se argumenta que la investigación que se hace con ellos ha sido mucha y muy significativa para la comunidad científica.
La segunda opinión es la que indica que estos animales están siendo maltratados, sometidos a periodos largos de privación de alimentos para que realicen las piruetas del espectáculo, sometidos a estrés sicológico y que viven en un ambiente muy pequeño para su tamaño. Se alega que estos factores son los que han contribuido a que Tilikum y otras ballenas hayan causado la muerte de varias personas.
Mi reacción inmediatamente después de ver el documental, como muchos que tratamos de ser lo más moral y éticamente correctos, fue: “Eso está brutal, nunca más volveré a Sea World. Moralmente no puedo patrocinar eso.” Ese pensamiento me duró varios días. Como había grabado el documental en mi DVR volví a verlo más o menos unos 4 días después y mi manera de pensar continuaba siendo la misma.
Durante muchos días estuve pensando en lo que vi y en cierto momento decidí ser un poco más objetivo, menos emocional, y evaluar los puntos de vista tanto de los “defensores de las ballenas” como los de Sea World.
Es importante dejar claro que la muerte de seres humanos a manos (o mejor dicho, a aletas) de estas ballenas es inaceptable bajo cualquier circunstancia. Mi discusión se enfoca solamente en las ballenas. Mi tesis presume que es posible evitar las muertes de ahora en adelante ya que los entrenadores no entran al estanque.
A continuación les daré mi opinión sobre cada una de las alegaciones de ambos bandos.
a. Las ballenas son bien cuidadas, tratadas con mucho cuidado y reciben servicios médicos de excelencia.
Esto es correcto en cierta manera. Por lo que se aprecia en el documental todos los entrenadores le tienen un gran cariño a los animales y los tratan muy bien. En adición a esto, se ha comprobado que la parte del cerebro de estas ballenas capaz se experimentar emociones está muy desarrollada, y de manera similar a la de los humanos.
Ahora bien, una cosa es el cariño que les tengan los entrenadores y otro es como se sienta el animal al estar encerrado en piscinas muy pequeñas para su tamaño. Es ahí donde se alega que las ballenas son maltratadas y desarrollan su estrés sicológico. Este estrés las lleva también a tener confrontaciones físicas entre ellas y a sufrir laceraciones severas en ocasiones. Ese cuidado médico de excelencia al que se hace referencia es necesario ya que es el resultado del cautiverio. Como indicaba uno de los entrenadores, en su medio natural cuando hay una hembra o un macho dominante los demás tienen miles de millas cuadradas para huir y no ser atacados. En una piscina están sujetas al bullying sin posibilidad de escape.
b. El tenerlas para el disfrute de los seres humanos despierta en nosotros ese sentido de conservación.
Este punto es irrebatible en mi opinión. 100% de acuerdo.
c. Se ha desarrollado mucha investigación que nos ha hecho entender mejor a estos animales y su comportamiento.
También considero que esto es correcto.
d. Los animales son sometidos a periodos largos de privación de alimento
Esto es correcto aunque no sé cuan “largos” son esos periodos a los que se someten estas ballenas en particular. Claro que no estoy argumentando que pasar hambre 1 día no es malo.
e. Las ballenas sufren de estrés sicológico debido a su encierro
Por lo que he visto en varios programas y leído esto también es correcto. Y muy negativo sobre el comportamiento de las ballenas ya que estas tienen un cerebro extremadamente desarrollado y capaz de experimentar emociones.
Como vemos la balanza se mantiene más o menos neutro si uno no inyecta el factor moral /ético. Pero un argumento que estuvo en mi mente desde el principio, y que estoy seguro que no soy el único que lo ha pensado, es el siguiente: ¿No se justifica el tener a estos animales en cautiverio aunque no sean del todo “felices” si por otro lado se ha logrado que a nivel mundial se les vea como unos a los que hay que proteger ya que son parte importante de ciertos ecosistemas? ¿No es responsable Shamu de que prácticamente todo niño del Planeta que ve el espectáculo salga de allí con un sentido de responsabilidad para con estos animales?
No sé ustedes pero al menos yo estoy seguro que mis hijos tienen un grado mínimo de apreciasión por esos animales y que si en algún momento de sus vidas tienen la oportunidad de ya sea interactuar con ellos o impactar su hábitat lo pensarán dos veces antes de tomar alguna decisión que los afecte negativamente.
Fue ahí donde despertó el Macchiavello que habita en todos nosotros… ¿No será cierto que bajo algunas circunstancias “el fin justifica los medios”?
Veamos. Personalmente creo que si este espectáculo no existiera la difusión de un mensaje de conservación de estas ballenas sería casi ninguno. Sea World es responsable de que todos conozcamos a Shamu, lo adoremos y pensemos que vale la pena el esfuerzo de conservar no solo a su especie sino a los delfines y demás animales que allí se exhiben. ¿Sería el mundo uno mejor si no existiera ninguna ballena en cautiverio, todas fueran felices en su ambiente natural pero nosotros no tuviéramos la conciencia de protegerlas? Lo mismo aplica al resto de los animales del parque: delfines, leones marinos, pingüinos, manta rallas, etc. Personalmente opino que si Shamu no existiera nuestro sentido de responsabilidad y apreciación hacia el mundo animal en general sería mucho menor.
¿No hemos llegado acaso a un contrato social en el que aceptamos que en ocasiones es necesario ir a la guerra sabiendo que estaremos matando a seres humanos para defender a otros? ¿Qué diferencia hay entre eso y el mantener unas ballenas en cautiverio para entenderlas mejor y así poder salvar a otras?
Evaluándolo fríamente se llega a la conclusión que el sufrimiento de varias ballenas ha resultado en el beneficio de cientos o miles de otros especímenes en su ambiente natural ya que la comunidad en general siente un gran apego y admiración por ellas.
Por otro lado, ningún análisis se puede divorciar en su totalidad de nuestros sentimientos y valores éticos y morales. Se puede argumentar entonces que se podrían hacer esfuerzos de conservación que no requieran tener a las ballenas en cautiverio. O existe la posibilidad de designar algún área mucho más grande en la costa donde se mantenga a las ballenas en un ambiente controlado pero más extenso y natural. No sé si esto sea viable económicamente, ni posible desde el aspecto técnico y de ingeniería. Pero es una opción a explorar.
También podemos argumentar que a diferencia de un acto de guerra donde no queda otra alternativa para salvar vidas humanas, en este caso sí podríamos vivir sin las ballenas en cautiverio aunque tuviéramos un menor grado de conciencia sobre su importancia.
Los argumentos de ambas partes son genuinos y merecen consideración. Pero al final le corresponde a cada uno decidir lo que piensa de esta situación.
Como mencioné al principio de este artículo mi primera opinión fue que no volvería a patrocinar a Sea World. Luego vino el proceso de análisis estructurado y entré en la encrucijada de si es más importante el bien individual o el bien común o si el fin justifica los medios. ¿Sigo asistiendo a Sea World ya que mis hijos se benefician de la experiencia y es más importante el bienestar de toda una especie que el bienestar de las 4 ó 5 ballenas del parque?
Finalmente llegué a una decisión, o eso pensé. La decisión fue la siguiente: No importa que haya ganado el análisis de pros y contras excluyendo las emociones y valores éticos sobre el análisis de cómo se “sienten” las ballenas en cautiverio; yo no volvería a patrocinar a Sea World.
Fue entonces que decidí escribir el artículo. Y fue en ese proceso que volví a mi indecisión. Mientras hacía mi research en internet entré a la página oficial de Sea World y en ese preciso momento mi hija Isabella pasó por detrás de mí y al ver las fotos y videos de Shamú exclamó:
─ ¡Siiiiii! ¡Shamuuuu! ¡Yo quiero verla otra vez!─
─ ¡Shamu! ¡Shamu!─ Escuché de inmediato las voz chillona de Marko gritar detrás de mí.
De vuelta al principio…
¿Qué es más importante? ¿La dichosa ballena y su “felicidad” o la alegría en la cara de un niño cuando la ve? ¿Cómo le explico a niños de 5 y 2 años que es inmoral y antiético lo que se está haciendo a esos animales? ¿Los llevo mejor al zoológico de Mayagüez? ¿Es acaso menos malo tener a los pobres leones allí encerrados a tener a las ballenas en el estanque? ¿Me voy a sentir mejor ser humano porque dejé de ir a Sea World pero sigo visitando otros zoológicos y acuarios donde para entrenar a los animales también se les priva de alimentación? ¿Piensa usted que esa cara con la que le mira el león de Mayagüez desde detrás del cristal es una de emoción? No puedo imaginar peor vida que estar encerrado en un sitio tan pequeño cuando se nació para correr cientos de kilómetros diarios en la sabana africana. Se escucha insensible, pero esa es la pregunta que hay que contestar.
Luego del baile cha cha cha y la indecisión, he llegado a la decisión de que en mi carácter personal aun no puedo tomar una decisión. Me inclino por no volver al parque lo que implicaría no volver a Animal Kingdom ni al zoológico de Mayagüez.
Si pensabas que te iba a dar mi opinión sobre la decisión correcta en el artículo siento defraudarte. La decisión la tomaré cuando no tenga otra opción. Ese momento llegará cuando esté comprando por internet las taquillas de entrada a los parques. Sería soberbio e hipócrita de mi parte decir que tengo la decisión correcta. También estoy consciente que la decisión no es solo mía. Le tengo el documental en agenda a Magda, mi esposa, para que lo vea y me de su opinión. Y claro, siempre está la opción de decirles a mis hijos que no vamos a Sea World porque mamá no lo cree éticamente correcto. Aunque eso quizás requiera otro artículo para analizar las implicaciones éticas y morales de eso… 🙂
Les recomiendo vean el documental. El mismo brinda muchos más detalles sobre las ballenas, el trato que se les da desde que son capturadas y los pormenores de cada incidente donde han muerto seres humanos. Es excelente y los pondrá a reevaluar su posición con respecto a este tema. Por mi parte, cuando haga mi próximo viaje a Orlando y tome la decisión final les dejaré saber si fui a ver a Tilikum o no.

Estoy completamente de acuerdo contigo el documental me ha dado mucho que pensar pero nunca ni yo ni mi niño hemos ido a Sea World así que seria un poco difícil tomar una decisión moral contra una de curiosidad espero que se la mas correcta
Creo que hay otras formas de concienciar a los niños…desde la educación sobre la conservación y cuidado de estos animales, que verles haciendo espectáculos de circo. Tapar y ocultar la realidad no les hace más felices…les hace más ignorantes. No creo que unos pocos tengan que sacrificarse por el resto…ninguno pidió estar allí…ni representar a su especie. Se puede observar a estos animales en la naturaleza sin necesidad de enriquecer a una compañía multimillonaria que alega que la muerte de sus propios trabajadores es literalmente culpa de los entrenadores.
Yo quiero mis hijos aprendan lo que es realmente una orca, un animal que caza en grupo que vive en familia…con los cuales se comunican…no un animal que hace piruetas (obligado) y se alimenta de lo que le dan en un cubo. Eso no es la realidad, es maltrato. Creo que mi hijo será una mejor persona si distingue eso y lucha realmente en un futuro por que esas cosas no vuelvan a pasar.
No estamos hablando de Santa Claus….de quitarle la ilusión a un niño, estamos hablando de una animal, un ser vivo…que no tendría que sufrir ni vivir en cautiverio.