YO NO VOTO, SOLO CRITICO (Y SI VOTÉ NO FUE POR NINGUNO DE LOS QUE GANÓ)

VotarEn ocasiones se escucha en la prensa, ya sea radio o televisión, a algunos periodistas o comentaristas hacer alarde de que ell@s no votan en las elecciones. Esto ocurre por lo general cuando se está hablando de algún tema controversial o de interés público que envuelve al gobierno.

Si bien es cierto que un periodista o comentarista tiene la obligación de tratar de ser imparcial la mayor parte del tiempo (porque nadie es imparcial todo el tiempo) y proyectarse como tal,  esto no significa que sean mejores que los pobres mortales que pertenecen a un partido político y votan íntegro, los que votan por candidatura o los que votan mixto. La expresión “yo no voto” va cargada de cierto aire de superioridad intelectual. Si el periodista  no vota, me imagino que es su razonamiento, entonces no tiene la mínima responsabilidad de lo que sucede en el país.

El no votar o decir que no se pertenece a ningún movimiento político es un derecho. Y cuando se hace por convicción es lo correcto. Pero cuando es por conveniencia, el que lo dice pierde toda credibilidad. Y es que gran parte de los que dicen esto se les nota la costura, como decimos allá en Morovis. O usted sabe que son populares, pepené o independentistas (el ser de cualquiera de los 3 no tiene nada malo) o no pertenece a ninguno de los tres partidos tradicionales y votó por el que obtuvo la mayoría de los votos; pero como el que ganó no está luciendo a la altura de lo que se esperaba pues ahora lo niega 3 veces como Pedro. Dios libre que se haya equivocado dándole el voto a un limón.

El “Niño Símbolo del Yo No Voto Pero Critico” es Luis F. Ojeda. Escuchar a este caballero es una joya. Y menciono a Ojeda porque es el caso más marcado pero hay varios más. Por otro lado, mientras todos nos quejamos de la “baja calidad” de nuestros políticos, de su poca capacidad para expresarse, de lo poco educados y cafres que algunos son, hay gente que entiende que aunque Ojeda hace precisamente lo que nos indigna él sí tiene el derecho de hacerlo. Yo nunca he escuchado a un legislador llamar a otro constantemente pillo, descarado, tusa, vividor, legisladrón, bruto, animal, corrupto, rata asquerosa, entre otros. Sin embargo, cuando el comentarista lo hace nos parece que el político lo tiene merecido. Ese tipo de discurso de personas que, lamentablemente, tienen la capacidad de llegar a las masas le hace un daño increíble a la sociedad.

También existe la doble vara cuando es un ciudadano quien usa ciertas expresiones. Hace unas dos semanas Jaime Figueroa Jaramillo estaba bajo fuego cuando se habló de la privatización de la AEE y este se refirió a los legisladores como “legisladrones”. Le han caído a palos al hombre por esas expresiones. Claro que estuvo incorrecto, y claro que debido a su posición de líder sindical tiene que tener mucho cuidado y comportarse con decoro ya que representa a un grupo de gente que esperan eso de él. Pero la hipocresía de caerle a palos a él mientras otros botan sapos y culebras a diario me pareció épica. Y les aseguro que yo de Figueroa Jaramillo no tengo muy buena opinión, pero si se va a ser purista hay que tratar a todos por igual.

Sí. Claro que hay políticos que no merecerían estar donde están pero el generalizar se ha convertido en la práctica y lo que ha causado es que se haya ido perdiendo poco a poco la confianza que debe existir en el sistema. Al fin y al cabo, nosotros los elegimos y son un reflejo nuestro. Si no existe al menos la inocente creencia de que nuestros líderes pueden hacer cosas positivas, pues como decía El Amola’o, “esto se jo@&*%…”.

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