EL CÁLCULO POLÍTICO EN LA AEE ESTÁ MAL HECHO

AEE

Me llené de emoción y esperanza cuando hace algunos días varios legisladores hablaron claramente y sin titubeo de la posibilidad de reorganizar la AEE. Refiriéndose claro está a privatizar al menos algunas de sus funciones. Por un momento vi la luz al final del túnel.

Pero la alegría me duró muy poco. No sé qué rayos pasó pero el discurso murió de inmediato. Yo esperaba ver primeras planas en todos los periódicos, todas las emisoras de radio enfilando cañones a los grandes intereses y a las uniones. En fin, un manjar con la discusión del tema. ¿Qué pasó? Ni idea. Por alguna razón el tema no prosperó como yo esperaba.

Realmente pensé que no había forma de dar marcha atrás después de que varios legisladores de ambos partidos hablaran tan claro. Hay que tenerlos en su sitio o estar en total desespero, y creo que esta última es la que aplica, para comenzar a hablar del tema. Especialmente cuando se es mayoría.

Mi conclusión es que se rehízo el cálculo político y el resultado fue negativo. Pero estoy convencido que ese cálculo ambos partidos de mayoría siempre lo han hecho mal. El neto de votos perdidos vs. ganados nunca se ha hecho bien. Veamos.

1. El total de empleados de la AEE son aproximadamente 9,550. Usemos 10,000 para este análisis. Es aceptable decir que hay entre esos empleados 5,000 almas azules y 5,000 almas rojas.

Supongamos ahora que se privatiza la AEE. El cálculo que hacen ambos partidos es que de seguro perderán las 5,000 almas del color contrario y cualquier posibilidad de un voto prestado en el futuro; y también se perderán la mitad de las del color de la administración incumbente (unas 2,500). Ahí hay 7,500 votos menos en las próximas elecciones. ¿Cierto? No. De seguro sean más ya que hay que contar al cónyuge del empleado de la AEE que perdió su trabajo. Seamos conservadores y digamos que solo 1/4 de los cónyuges se enoja mucho (2,500 de 10,000). Sumando tenemos: 5,000 + 2,500 + 2,500 = 10,000. Tenemos entonces 10,000 votitos perdidos en las próximas elecciones.

Concentrémonos ahora en los abonados.

2. El total de abonados de la AEE es de aproximadamente 1,569,796. Usemos 1.5MM para este análisis. De ese total podemos presumir que el 50% son almas azules y el otro 50% almas rojas. O sea, 750,000 almas azules y 750,000 almas rojas.

Esas almas azules y rojas seguirán votando en general por su color favorito ya que ni les va ni les viene el problema de los empleados en la AEE. Así que ahí, si hay alguna pérdida por causa de el despido de empleados, será muy poca me atrevería a decir. En esos abonados hay votos flotantes pero esos los miraremos más adelante.

El neto entonces serían los 10,000 votos menos en las próximas elecciones según estimados en el punto #1.

Lo previamente analizado es tomando en consideración solamente lo relacionado a despedir o no despedir empleados. Pero hay que evaluar el impacto de la privatización en los 1.5MM de abonados que en su mayoría no son empleados de la AEE.

Miremos el voto flotante que es el que decide las elecciones. A ese voto la factura de la AEE le hace un hueco brutal en el bolsillo.

En las elecciones pasadas hubo 870,324 votos íntegros para el PNP y 866,232 para el PPD (en la papeleta de la gobernación). Y hubo 70,595 votos entre mixtos y candidatura. Esos votos mixtos y por candidatura representan un 3.75% de los electores totales. Ese es el electorado que decide elecciones generalmente. Depende a qué color se muevan, se decide la gobernación.

Les puedo asegurar que si la factura de la AEE baja sustancialmente ese voto flotante flotará derechito al color que la baje. 70,595 es mayor que 10,000 aunque lo diga un loco (matemáticamente es una verdad absoluta: 70,595 > 10,000). Y me atrevo a estimar que el 100% de ese voto flotante se va con el que baje la factura porque el dolor que está infligiendo al bolsillo y por ende a nuestro estilo de vida es bestial. A ese voto flotante no le importa si la AEE es patrimonio nacional, si hay hermanos puertorriqueños siendo aplastados por los grandes intereses o si la AEE es administrada por extranjeros. A ese voto flotante lo que le importa es su familia, sus problemas, sus vacaciones anuales. Hace mucho tiempo leí en algún lugar una frase muy sabia que decía: “El problema más importante es el mío.” Suena egoísta pero es cierto.

El golpe tiene que venir rápido, contundente e inmisericorde. El truco está en hacer la transformación a principio del cuatrienio para que haya tiempo de que las empresas se adapten y se organicen administrativamente. Y muy importante, que a la gente se le olviden las huelgas y los paros que van a haber como parte del proceso.

No se puede dejar fuera el capital político que se le puede sacar al asunto con relación a los donativos. Cuando el gobierno le baje a una empresa el costo de energía de $150,000 al año a $50,000; ¿a quién usted cree que esa corporación hará sus donativos? No nos llamemos a engaño ni seamos inocentes. ¿Es eso malo? Yo no sé. ¿Es ilegal? Según nuestro sistema no. Pero así será en muchos casos. Inmoral sería que compañías petroleras hagan donativos y cabildeen para subsistir (algo que todos sabemos que no ocurre). Pero el que compañías hagan donativos a un gobierno por haberles bajado sus costos operacionales sin violar ninguna ley no me parece que represente un problema. Y cuando hablo de compañías no me refiero a multinacionales sino a los pequeños y medianos empresarios que son los que mueven la economía del país.

Claro, que todo el análisis que acabo de hacer está basado solamente en mi percepción. Pero una percepción que puede ser tan buena o mala como la de cualquier politólogo ya que eso de predecir cómo va a votar la gente es una ciencia oculta. Pero me parece que en general la línea de pensamiento que acabo de esbozar no está muy alejada de la realidad.

No pierdo la esperanza que el tema se retome pronto con seriedad. Porque si no, nos chupa la bruja. Me da la impresión que el país no ha entendido lo grave de la situación. Cuando se empieza a hablar en Washington de ponernos en sindicatura y de manejar las finanzas desde allá la cosa es muy seria. Es una cuestión de orgullo y dignidad. Y no tiene que ver absolutamente nada con estatus, política partidista ni partidos. Tiene que ver con pararse frente al espejo y no sentir una mezcla de pena y vergüenza cuando se levanta la mirada y se aprecia lo que hay reflejado.

 

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